Maldición

“Apartaos de quien no use mascarilla… Es ahora mismo nuestro peor enemigo, más que el propio coronavirus”, aconsejaba una enfermera española de la unidad de cuidados intensivos (UCI), tras su primer turno de este nuevo año. Echa además una “maldición” para los revolucionarios de pacotilla: “Negacionistas, mala chispa os coma las entrañas”.

Aunque las palabras y expresiones pueden sonar diferentes, se ajustan exactamente a nuestra realidad. Durante casi el año hace estragos la pandemia con miles y miles de víctimas, muchas rescatadas, pero muchas también mortales. Quienes continúen hablando de complot, de patraña mundial, que visiten hospitales, entre nosotros en la línea del colapso, escuche al personal sanitario o asome la nariz al vecindario para apreciar el alto costo humano de esta terrible enfermedad.

Entre nosotros no aparecen los teóricos negacionistas, pero sí los prácticos, los irresponsables y los no pocos cínicos que se escudan en el costo de la mascarilla, en su “olvido”, en el mal ejemplo y en la costumbre de contradecir “todo”. Como se dice en nuestro medio: en contra de los que están a favor y en contra de los que están en contra. Sin conocer aún la dimensión trágica de la celebración de fin año, los augurios “ponen los pelos de punta”.

“La confianza va a matar a muchos hondureños que creen que después de nueve meses de pandemia no se van a enfermar, que han dejado de usar mascarilla y no respetan el distanciamiento social”, expresaba el viceministro de Salud al observar la irresponsabilidad de personas que estaban en las playas de Puerto Cortés, zona de gran afectación por la pandemia.


Salud y economía, economía y salud, binomio sobre el que giran las decisiones tratando de equilibrar las consecuencias pues sin salud la economía va a pique y sin economía escasearán más los recursos con graves problemas sociales agregados. En estos momentos tras la temporada navideña, el foco debe centrarse en la salud, en la pandemia, pues “los hospitales no van a aguantar”, reconocen fuentes oficiales.


Pero ¿aguantará el recurso humano de los hospitales? Hay agotamiento no solo físico, sino, sobre todo, emocional, pues se necesita mucho coraje, fortaleza y profesionalismo para resistir tras nueve meses de guerra sin que haya en el horizonte indicios de fin a pesar de que en otros lugares ya aplican la vacuna, acaparada por los países ricos. “Negacionistas, mala chispa os coma las entrañas”.