El reto de educar

En las últimas semanas de 2020, los diputados aprobaron el Presupuesto General de la República para este año, que asciende a 288,871 millones de lempiras, de los que el 11%, 32,234 millones —unos 1,327 millones de dólares— serán destinados a educación con un aumento de casi un 8% —2,327 millones— con relación a la partida del año pasado.

Y si bien hay un incremento en el renglón de educación, los retos son altísimos frente a los efectos catastróficos dejados por la pandemia y a las lecciones aprendidas en este tiempo; entre ellas, la urgencia de dotar de las condiciones necesarias a las escuelas y hogares para una educación continua, con inversiones en tecnología que aseguren la enseñanza eficiente y equitativa a la que todos tienen derecho.

Los reportes de esos daños a la educación en el año del covid-19 son estremecedores. El Banco Mundial, por ejemplo, señala que en el mundo, debido al confinamiento, unos 72 millones de niños en edad de asistir a la escuela primaria pueden verse afectados por la pobreza de aprendizajes, lo que significa que a los 10 años no podrán leer y entender un texto sencillo.

La pandemia vino a agravar la crisis en la educación, a tal grado que podrían aumentar en un diez por ciento los menores de los países de ingreso bajo y mediano que están afectados en su aprendizaje.

El estudio señala que la pandemia provocó que, debido a los cierres de escuelas, la mayoría de los alumnos no ha asistido a la escuela: 1,600 millones durante el pico de la pandemia en abril de 2020 y casi 700 millones incluso ahora. Y, por otro lado, el impacto negativo de la contracción de la economía mundial contribuyó al aumento sin precedentes de la deserción escolar.

“Si no se adoptan medidas urgentes es probable que esta generación de estudiantes nunca logre desarrollar plenamente sus capacidades ni su potencial para generar ingresos y los países perderán capital humano esencial para sostener el crecimiento económico a largo plazo”, concluye el Banco Mundial, que advierte sobre las enormes brechas digitales.

Salir adelante requiere reconstruir nuestro sistema educativo, invertir en tecnología, innovar con una nueva visión, mejorar la impartición de clases, sacar adelante a los escolares que se han rezagado y asegurarnos de que vuelvan los que desertaron.

Además de la inversión, estos retos solo se alcanzarán con padres comprometidos, con maestros responsables, motivados y valorados, con autoridades visionarias y capaces de hacer cambios y jóvenes determinados a aprender. Así es como saldremos adelante.