Visión y voluntad

Los daños causados por los dos recientes fenómenos naturales, aunque sean etiquetados de preliminares, son incuestionables, lo cual implica no solo enormes esfuerzos y recursos para recuperar lo recuperable, sino visión para poner un punto final a la dramática historia en el valle de Sula que mantendrá los riesgos, pero podrá aminorar los golpes si hay visión y voluntad para salvar a la población, proteger ciudades y cultivos.

La historia enseña a los duros de mollera, los miopes y olvidadizos que cíclicamente, desde mediados del siglo pasado, las inundaciones arrasan cuanto hallan a su paso, agravado por el cambio climático, la deforestación, expansión urbana y la alta vulnerabilidad. Aquí podemos aplicar aquello de “el que quiera entender que entienda” que se condiciona a “quien venga atrás que arree”, pasando gobiernos cuyos funcionarios se marcan límites en el calendario, en la ideología y en compromisos sectarios.

En vista de lo que hay no queda otro camino que el de tomar decisiones y pasar las acciones en ruta trazada sin sesgo por expertos, técnicos, empresa privada, sociedad civil en ambiente generado en la confianza, alejado de la verticalidad y con predominio de la horizontalidad de manera que lo del “poder soy yo” sea sustituido por la responsabilidad y colectividad de quienes confían plenamente en soluciones exigidas por la emergencia y en soluciones que vayan a la raíz de los problemas.

No hay otro camino: los planes de Gobierno con marcado sectarismo deben dar paso ya a decisiones de Estado. Llegue quien llegue tendrá seguimiento porque la población ha de ser prioridad y los líderes, con identificación en los hechos no en promesas ni en seguidores, tendrán en ella faro guía. La alusión aún en estos momentos de gravedad es una gran utopía como en todas las administraciones por lo que urge unidad y esfuerzo.

Desde la esfera oficial el planteamiento se sigue manteniendo en un grupo consultivo que, por muy representativo que sea, no logra trascender la emergencia. Se acabó la oportunidad de dar tiempo al tiempo porque la experiencia, nefasta para todos, señala que en los archivos se guardan proyectos y planes, futuro promisorio en la voz cuatrienal de la campaña proselitista.

Es imprescindible razonar y comprender que la política está destinada a resolver problemas, a consolidar el bien común en la sociedad. Pierde su verdadero valor y empantana su autenticidad cuando es protagonista, sin escrúpulo ni moral, cuando se encarrila exclusivamente a conseguir o conservar el poder.