La “vacuna”

Es lo que hay, expresión estoica de los hondureños en estos dificilísimos tiempos en que los fuertes vínculos en las desgracias crean ambiente de solidaridad y cadena de ayuda que nos permitirán salir de las crisis que tan fuerte nos golpean en este año. Frente al desánimo y la confrontación hay que seguir respondiendo con el apoyo generoso de unos a otros como ha sido evidente en estos meses.

Claro que del dicho al hecho hay mucho trecho. El calificativo de “prioridad nacional” no quedó ni en el recuerdo, pero la tragedia de esta semana, precedida de otra de la misma naturaleza e intensidad ha obligado a echar mano de lo que fue presentado hace casi tres décadas como salvación. La “vacuna” para el valle de Sula no requiere tanta investigación ni conlleva riesgos como la del covid, sino que su aplicación de inmediato se traduciría en beneficio para la población, en protección de las extensas áreas de cultivo y en ingresos al Estado por medio de los tributos y las exportaciones.

Tras el huracán Fifí la propuesta de las obras en los ríos Ulúa y Chamelecón “se fueron” después de las inundaciones. Similar situación ocurrió en días del Mitch. Nada extraña la desconfianza, pues políticos y funcionarios piensan en ellos más que en el país.

El presidente Hernández tras su reunión con organismos internacionales se refirió a los desastres repetidos en el valle de Sula, señalando la labor en el Corredor Seco. No hay punto de comparación, pero es comprensible y no pocas veces saludable echar mano de éxitos.

“Hemos venido avanzando con el BID y BCIE en la elaboración del estudio de 13 represas medianas y las dos grandes, Los Llanitos y Jicatuyo”, dijo el mandatario. Como los niños en la escuela cuando no se entiende o no se quiere entender lo que dice el maestro: “Si él lo dice”, es recibido el anuncio presidencial pues desde hace tres años se abrió la burocracia para El Tablón con fechas precisas y se atascó. No se habla.

Está más que claro que la vacuna del valle de Sula es la construcción de represas en los dos grandes ríos que desde occidente recorren el valle. Los bordos son necesarios; los canales de alivio muy útiles; las carreteras y puentes vitales para las poblaciones y economía; las plantaciones de banano, el cultivo de grano y la ganadería sostén de miles de familia y gran aporte a la economía. Todo ello, sin embargo, condicionado a obras, eternamente prometidas, que son prioridad e inicio en la cadena de salvación: control de las aguas que llegan al valle, pues de lo contrario seguiremos amontonando tierra o abriendo pequeños cauces para los inviernos, pero ni de juguete sirven cuando llega la fuerza de fenómenos naturales mayores.