¡A cosechar!

San Pedro Sula, Honduras

Año nuevo, nuevos y descomunales desafíos, mañana, el primero de octubre que coincide con otro primero más celebrado que es el de enero. Sin embargo, la coyuntura ubica el inicio del ciclo cafetalero anual en perspectiva no vistas en la historia reciente del país, no tanto por el comportamiento del mercado internacional ni por la cosecha de grano, sino por las exigencias para evitar la expansión de la epidemia en el área rural, con menor número de pacientes.

La fecha oficial del corte del grano es más que significativa, pues obligaba a echar una mirada a los últimos doce meses y considerar el cultivo en las fincas, la recolección, el tratamiento de secado, la exportación y el fluctuante precio en los mercados internacionales donde la cotización no refleja el precio del aromático para los consumidores, de manera que menor precio para los productores, más ganancia para los grandes mayoristas, pues la caída no se refleja en el consumo.

El inicio del corte del café está estrechamente ligado a los cortadores, a miles de oportunidades de trabajo temporal aprovechada más por personal de países vecinos, cuya experiencia en temporadas pasadas facilita la integración inmediata a la cosecha con duración aproximada de seis meses que, en esta ocasión, exige condiciones especiales de bioseguridad.

Al término del ciclo anual las cifras también reflejan la caída de la economía internacional, comercio y consumo, con más de siete millones de quintales exportados. Pese a lo largo del confinamiento, de la emergencia y de los obstáculos en las comunicaciones hay esperanzas en el rescate del café, cuya cotización se ha mantenido al alza, no tanto como quisieran los productores, pero sí mejor que en los últimos años.

Recién el presidente Juan Orlando Hernández en su visita a tierras cafetaleras señaló que es necesario “hacerles ver a los hondureños lo importante que es para la economía el café”. Para la macroeconomía se mide en divisas por las exportaciones; en trabajo, la contratación temporal de cortadores, fuente de ingreso para miles de personas y el beneficio social es inmenso, pues la caficultura nacional es sostenida como patrimonio familiar con miles y miles de pequeñas y medianas unidades productivas que pasan en legado a generaciones venideras.

Si a ello resaltamos la opción más que significativa por la calidad del grano y su cultivo apegado a las exigencias de amistad con el ambiente, tendremos una perspectiva positiva para la familia cafetalera que espera completar el ciclo anual favorable con el empuje al alza sostenida del mercado internacional.