15 de Septiembre

San Pedro Sula, Honduras

La conmemoración, con inédita y especial celebración, de nuestra independencia política adquiere una dimensión extraordinaria con descomunales y complejos desafíos en un camino empinado y tortuoso del que no se ve aún la meta final. Pero, hoy como nunca, habrá que seguir aceptando el reto y aunque sea en una pugna sin igual, el grito de victoria, como hace 199 años, imprimirá bríos, fuerza e inteligencia a la acción colectiva y solidaria de los hondureños.

La crisis con los calificativos más significativos empleados en estos últimos meses ha creado nuevas fisuras evidenciadas en crispación, cada vez más fuerte, que se refleja claramente en la desconfianza, la incertidumbre y en un muy bajo nivel de credibilidad en políticos, funcionarios e instituciones. Tiempos de “prueba” y días de “temple” expresan el mensaje de motivación necesitado por los hondureños.

Aquel 15 de Septiembre con recorrido veloz ha marcado el quehacer desde el júbilo primero hasta la decepción por la tarea incumplida y, sobre todo, por la débil voluntad de formar la Patria Grande, de unir iniciativas y esfuerzos para generar estrategias comunes en el istmo que respalden eficazmente la inclusión y la democracia. ¡Falta tanto que la oscuridad del túnel es cada vez más espesa!

Honduras tiene ante sí los problemas endémicos agudizados por la emergencia generada en la pandemia con dimensión de crisis sanitaria, económica y educativa. En los últimos días hay que sumar las consecuencias del sectarismo político y la miopía de quienes “nadan y guardan su ropa”. Lo demás ya se irá arreglando o desarreglando en el camino según marca la irresponsabilidad y ausencia de compromisos, no promesas que hay muchas, que adelantasen la conducta responsable de políticos y funcionarios.

La fiesta de hoy debiera ser, como señalaban en el pueblo, una oportunidad de “examen de conciencia” para corregir los errores y potenciar los valores, pero no es así porque lo primero es sacrificio que directamente recae en el pueblo; segundo, ética que refleje con total transparencia el quehacer en la administración pública y en la voluntad de los ciudadanos expresada en el voto, y tercero, conducta ciudadana ejemplar sin privilegios de manera que todos iguales y ninguno “más igual que otro”.

Y así la felicitación a la patria será sincera, con agradecimiento a un pasado integrado con plenitud en nuestra cultura, pero con una visión cada vez más clara del futur