Presupuesto

Aunque se ha ido preparando el terreno para que la sorpresa sea menor, la elaboración del presupuesto tiene bemoles, pues en tiempos de aguda crisis y con caída en picada de los ingresos tributarios hay subida en la ficticia disponibilidad, de manera que la distancia entre ingresos y egresos aumenta. ¿Y de dónde?

La respuesta la vienen repitiendo cada día informando sobre créditos concesionales, ayuda externa, préstamos internos y otras fuentes, sin que apreciemos los hondureños un alivio en uno de los desafíos más urgentes derivados de la emergencia sanitaria y económica.

La vista está puesta, casi con exclusividad, en el gasto, no en la inversión pública, generadora de oportunidades a mano de obra menos calificada, en concreto, miles y miles de familias que pudiesen disponer de un ingreso fijo que cubriese las necesidades básicas de subsistencia.

Veremos lo que nos deparan las próximas horas, pues llega el momento de la presentación de las cuentas para el año venidero, y si en múltiples ocasiones al debate o seudodebate se le aplicó horario especial, este año el asunto irá por otro camino, con otras explicaciones, pero con resultado similar. ¿Aprobado? ¡Queda aprobado!

Para algunos de los funcionarios, las cuentas públicas a aprobar para el próximo año ya fueron calificadas como “presupuesto de la reconstrucción”. Casi nada, pero ya como primer indicio apareció el aumento a los burócratas, con destino a los exiguos recursos de hoy. No es gran cosa si estuviésemos en normalidad, pero sí adquiere una dimensión extraordinaria, puesto que los empleados públicos, bien resguardados de la pandemia la mayoría, han recibido su salario quizá con algún retraso, pero sin fallar. En las próximas horas ya se conocerá por dónde va el caudal del río, pues el techo presupuestario señalado a los organismos del Estado y las regulaciones internas de cada uno no serán suficientes, por lo que la prioridad, gasto social y oportunidades de empleo en inversión, no gasto burocrático, deben identificar cada centavo en el presupuesto con marchamo como en aduana para que no haya desvío en el camino, como frecuentemente se ha hecho.

Ver, pensar y hacer es la trilogía urgente en este momento.

La visión con dimensión panorámica ya está hecha y no proporciona buenas noticias. El pensar, hacerlo con la cabeza, como señalamos recientemente, es más que indispensable en estos días con pandemia y cercanos a las urnas. Y la acción es exigida en todos los campos, puesto que lo que viene requiere trabajo, trasparencia y trato solidario y humano como respuesta en estos difíciles tiempos.