Como un milagro

Ya pasaron la puerta, entraron y ahora, como dicen en el pueblo, a esperar para ver cómo van, cómo funcionan, porque son tantas las expectativas, tantos obstáculos y tanta la falta de credibilidad que nada más parecido a un milagro con final feliz, tal como lo deseamos, aunque haya muchas dudas.

La adquisición de los hospitales móviles, dos de los cuales se hallan ya en casa, resultó una de las más rocambolescas operaciones de la administración pública al amparo todopoderoso de decretos que en manos de burócratas hicieron y deshicieron a gusto y capricho. Claro que hay emergencia y urgencia, pero no es excusa para arriesgar, en un mercado de piratas, recursos nacionales. Que llegaban, que no habían salido de fábrica en un lejano país, que la abultada cantidad de dólares se giró, a toda velocidad, a una persona “vecino”, que ni contrato se firmó, que el respaldo no llegaba más allá de una factura en la que constaban los millones. Todo un misterio no revelado ni por quien inició la operación, ni por quien lo sustituyó unas horas para dar paso a una junta interventora por 180 días en Inversiones Estratégicas de Honduras (Invest-H) para aclarar el asunto.

Dos, sin embargo, son los desafíos inmediatos que deben ser atendidos por exigencias de todos los hondureños y ambos de la mano, como quien dice, no distraer a la opinión lo uno con lo otro, aunque puede haber discrepancia desde el punto de vista en que se observe el oscuro panorama.

Salud y justicia, que las exigencias críticas y urgentes de la primera no opaquen o debiliten las acciones de los operadores de justicia en todo en el intrincado escenario que envuelve la adquisición de los hospitales adquiridos por Invest-H y otros materiales comprados, también con la etiqueta de emergencia, por Copeco, que llegaron directos a bodega.

Dos labores de emergencia y urgencia en tiempos de la larga cuarentena, cuyo objetivo no solo será atender a los enfermos, mantener un frente firme y unido contra la corrupción y, en consecuencia, tratar de recuperar la confianza de la población en quienes gobiernan, no solo el poder Ejecutivo, sino el Legislativo y el Judicial, pues en estos dos últimos su altura en tiempos críticos apenas muestra dos pulgadas del suelo; pero bueno, ya han dado fecha para la instalación y puesta en funcionamiento del hospital importado. Hay que aclarar lo del equipo en mal estado y también la sobrevaloración; sin embargo, que no aparezcan más obstáculos y a mediados del próximo mes respiren con mayor confianza en el Catarino Rivas y a su lado florezca una esperanza más por la vida y salud de los hondureños.