Consenso, por favor...

No estamos los hondureños como para carnavales, en vez de aplicarnos plenamente a la tragedia que se ha convertido en catástrofe de larga data, con informes diarios de muerte y sufrimiento. Esa es la realidad en la que deberíamos concentrarnos. Pero la polémica es otra.

Ahora, con la bandera del nuevo Código Penal, han surgido redentores que reclaman se reforme y hasta los que invocando la Constitución convocan a sesión legislativa, nombran presidente y otros cargos y concluyen con un sí a lo de antemano determinado.

Las reacciones han sido muy diversas. Los protagonistas se muestran como víctimas ante la acción judicial emprendida por el apoderado legal del Poder Legislativo que pidió requerimiento fiscal contra los parlamentarios participantes en la reunión virtual por “usurpación de funciones, abuso de autoridad, violación de los deberes de los funcionarios, abuso de autoridad y delitos contra la forma de gobierno”.

El hecho está ahí y ojalá todo llegue a un acuerdo sensato, un entendimiento entre personas de pensamiento, al menos la mayoría, y una apertura hacia la convivencia, plural sí, pero armónica y creativa también. Pues como señala uno de los protagonistas de la sesión en alguno de sus escritos “criticar a otros desde la oposición es fácil. Basta abrir la boca”. Ojalá no haya sido este el ambiente de la polémica sesión extraordinaria.

El Poder Ejecutivo, que con anterioridad había lanzado la iniciativa de reformas profundas, aunque obvia lo referente a la corrupción, para enfrentar con mayor eficacia el crimen organizado, la violencia y la inseguridad ciudadana. Su demanda más radical es borrón y cuenta nueva, a lo que responden desde el Congreso que el cumplimiento dado a todo el proceso es legal y queda abierta la puerta a propuestas de reformas.

Seriedad, objetividad y responsabilidad fueron los calificativos empleados por el titular del Poder Legislativo al referirse a la elaboración del Código, aunque la oposición señala que es subestimada, irrespetada y no hay espacio en la agenda de la asamblea. Total, que atasco viene de atrás, pero acentuado ahora al más alto nivel con la participación de los tres poderes del Estado y la pugna interna en el partido gobernante.

El clima de crispación, con mayor extensión que el polvo del Sahara, presenta una ruta de alta montaña en la que el abismo más que riesgo es un peligro inmediato, por lo que habrá que dejar las posiciones “piedra” y emprender ya una andadura de consenso exigido no solo por la democracia, sino por la vida, la salud y la supervivencia de todos los hondureños.