¡Qué buen vecindario!

Cuando comenzaron las críticas, el descontento se generalizó y las filas de vehículos eran medidas en decenas de kilómetros o en miles de camiones, el Gobierno de Costa Rica reaccionó: “No es nuestra intención truncar el comercio regional”. Ya se abría un espacio, mínimo, pero con oportunidad, lo que ha sido aprovechado en las últimas horas para solucionar el atasco que si para los ticos se medía en el ámbito sanitario para el istmo centroamericano representaba un alto riesgo de desabastecimiento. En las últimas horas se ha ido despejando el horizonte y las nubes de tormenta se van alejando. Medidas de bioseguridad, según un protocolo regional presentado por Honduras, intentan desbaratar el muro comercial de los ticos que ya tuvo respuesta inmediata, con otro muro, por parte de Nicaragua.

Esto de la pandemia rebasa con creces el campo sanitario y alimenta la grave tentación individualista en personas y en países. Sin embargo, el diálogo, la prevención y la cooperación para evitar la expansión de la enfermedad, pero sin confundir, para no enredar más las cosas, causas y efectos, llegando a priorizar los efectos sobre las causas, lo que evidencia escasa visión del problema. En reunión, lejanos, pero de cerca, los ministros de Salud, Economía y funcionarios de Aduanas abrieron el espacio con el protocolo de bioseguridad para el transporte de carga que será implementado en los puntos fronterizos. No se trata de afectar el bienestar de los costarricenses, sino el de aceptar e imponer medidas que no entorpezcan, en estos tiempos de crisis, el comercio necesario entre países.

No estamos en el mismo barco, algunos viajan en cayuco, pero sí en el mismo enfurecido mar que, al final, engulle sin distingos. Salud y abastecimiento es el binomio, cuyos elementos deben combinarse para obtener un resultado favorable a la población. El Gobierno de San José ha mirado primero hacia el sur y ya alcanzó un acuerdo con Panamá para el tránsito de vehículos de carga por territorio tico sin obstáculos ni entrega de los camiones a conductores costarricenses. Si hablando se entiende la gente, no está el ambiente político para mantener fluidas las relaciones, negociar y mantener ágil el comercio, por lo que es necesario ante la crisis mayor acercamiento y creatividad en las soluciones.

“Pueblo chiquito, infierno grande”. No lo referimos directamente a la pandemia, sino a la toma de decisiones. El Sica se halla de vacaciones. En el campo político, el fantasma del Parlacen ni para asustar sirve. Y al más alto nivel, los mandatarios ni se “conocen”. ¡Qué buen vecindario!