Bioseguridad

Lo que se vino encima, pero ante el gigantesco desafío sanitario la respuesta en los primeros días fue “a por ello” y así con elevado compromiso y acendrada responsabilidad, la industria farmacéutica nacional asumió el desafío tanto en el área productiva como en la práctica eficiente de la bioseguridad de tal manera que en miles de trabajadores en el sector no se ha hallado ningún caso positivo.

Es altamente significativo y favorable la “excelente salud” por la aplicación inmediata de protocolos de bioseguridad, pues al incremento significativo de productos farmacéuticos se une el gran problema en el mercado mundial desabastecido, lo que obligó a los países pequeños como Honduras a buscar repuesta inmediata en sus propios recursos.

Las actuaciones de bandas internacionales en el trasiego de medicamentos, insumos y equipo perjudicaron a numerosos países que instintivamente se lanzaron a la compra masiva sin calibrar los riesgos, cuyas consecuencias llegaron hasta pleitos internacionales mantenidos en bajo perfil por la pandemia en veloz crecimiento.

La industria farmacéutica nacional respondió con diligencia a la crisis de tal manera que es calificada “de sector estratégico” en plena labor y rendimiento desde que se confirmó la presencia del virus en nuestro país. Al incremento de productos higiénicos, exigido para prevenir y mitigar la expansión de la enfermedad, hay que sumar el mantenimiento de la cadena de aprovisionamiento a farmacias y droguerías, de manera que la inquietud e, incluso, el miedo colectivo no afectó a los laboratorios con buena práctica en la producción.

Otros deberán deliberar sobre la crisis económica para no envenenar el futuro y en esa compleja etapa los productos sanitarios nacionales de prevención y mitigación serán de efectivo y oportuno acompañamiento, sobre todo en lo que nos espera, pues el COVID-19 llegó para quedarse, creando, incluso, nuevas formas de pensar y nueva visión del porvenir.

Así como la política alimentaria se halla en la agenda pública, la producción farmacéutica debiera ocupar también atención prioritaria en los planes gubernamentales de manera que fuese abastecedora del mercado interno, reduciendo significativamente las importaciones, pues llegan malos tiempos para las reservas internacionales, y, sobre todo, fortaleciendo las oportunidades de empleo que se mantienen a lo largo de la crisis, proporcionando estabilidad y confianza en miles de familias hondureñas.

Ahora que va a comenzar la desescalada, la apertura en zonas y ciudades, la industria farmacéutica ofrece un claro y efectivo protocolo de bioseguridad, reflejado en la estabilidad laboral que es, en la nueva etapa, el gran desafío, rescate y creación del empleo con estrategias y políticas que alejen el temor y la desconfianza, muy manipulables por políticos de oficio.