Transporte

Aunque todavía el confinamiento marca el día a día de los hondureños, la regulación de la actividad económica mediante la desescalada gradual y reflexiva de sectores va proporcionando, pese a los números y estadísticas diarias del avance de la enfermedad, un poco de oxígeno con la esperanza de una pronta incorporación para adentrarnos en lo que está calificado y aceptado como la nueva normalidad.

Después de reiniciar las labores condicionadas en el sector de la construcción, la reanudación de la actividad comercial en Islas de la Bahía y el anuncio de la apertura pronta y controlada en la maquila es recibida como bendición por miles de familia, pero toda la desescalada necesita estar plenamente respaldada por el transporte público, cuyas operaciones sometidas a protocolo han sido anunciadas para principio del próximo mes.

El desafío es más que monumental puesto que el transporte urbano en todas sus modalidades, autobuses, taxis, incluyendo los colectivos, y mototaxis han ofrecido el servicio sin regulaciones en cuanto al número de pasajeros, en atención a los viajeros y el mantenimiento de las unidades. Es toda una imagen que habrá de desaparecer y la nueva normalidad habrá de ir entrando para evitar recaer en la pandemia con ordenanzas firmes para eliminar la pelea por pasajeros o saltarse a la torera las normas por competencia ilegal, saliendo de la ruta o subiendo pasajeros en cualquier sitio.

Por ello, el anuncio de la reactivación del transporte de pasajeros está dirigido a Tegucigalpa y a aquellas otras zonas en que la incidencia de la enfermedad es menor, es decir, Cortés y otros lugares quedan excluidos. En algunos países europeos como España, para la regulación se han identificado fases. La fase cero es aquella en que las actividades ciudadanas y de producción están más restringidas. El final lo marcará la fase 3 que no llegará al mismo tiempo en todas las zonas de la península.

No hay un manual de instrucciones, señalamos recientemente al referirnos a la crisis sanitaria. Tampoco lo hay para reanudar la actividad económica ni enfrentar graves problemas sociales, pero sí habrá que ajustarse a un manual de sentido común que dicta prudencia y visión en la reanudación de las actividades necesarias para disponer de recursos tanto las empresas como los trabajadores, pues la cuarentena pesa y puede aplastar tanto o más que la pandemia. La fórmula salvadora se concentra en el trinomio: sistema público de salud, muy débil y que puede colapsar; actividad económica y cumplimiento de regulaciones sanitarias por todos los hondureños sobre los que recae una gran parte de la responsabilidad para evitar la expansión o regreso del virus invasor.