Amplia visión

Aunque sabemos que el mal de muchos no es consuelo, echemos una mirada cercana y en la lejanía para que nos vengan al recuerdo algunos de los buenos consejos que a lo largo de los siglos ha acumulado la sabiduría popular, como aquello de que “no hay mal que por bien no venga”, “aprender en cabeza ajena”, “camarón que se duerme se lo lleva la corriente”, “al mal tiempo buena cara”.

Las noticias que llenan los medios de comunicación tradicionales y también los espacios sin fronteras en la web tienen un mismo rostro con tan ligeras variantes que llegan a asustar por aquello de que todos, unos más que otros, estamos atrapados y a todos se nos exige enfrentar el mayor y gran desafío de estos últimos meses en que el virus ha evidenciado, más que la teoría de la globalización, de la humanidad, por abismales que sean las diferencias.

Así, por ejemplo, a toda plana, con foto reveladora, un medio hispano titula “Nueva York se vacía ante tsunami del coronavirus” con temor a la explosión de la epidemia, como en Italia, España, y a las secuelas de una crisis hospitalaria y económica inevitables. Un buque hospital del Ejército se ha convertido en el símbolo más evidente del drama de la ciudad, pero sus mil camas no serán más que un débil paliativo; sin embargo, aún se halla anclado en la Gran Manzana.

Una de las fotografías más explicativas del miedo, temor, pavor o incapacidad fue la proporcionada en un aeropuerto de Ecuador, cuya pista fue invadida por vehículos para impedir el aterrizaje de dos aviones de Europa que sin pasajeros llegaban para repatriar a ciudadanos del Viejo Continente. La alcaldesa de la urbe con resultado positivo al virus dijo que aquí mando yo y que lo volvería a hacer.

En el Reino Unido, donde el Gobierno populista proclamó el contagio colectivo para lograr la inmunidad, ha tenido que tragarse sus palabras y adoptar medidas drásticas, para lo que ha movilizado a los reservistas del Ejército para garantizar el orden civil.

Y como no hay mal que por bien no venga, la contaminación atmosférica ha descendido notablemente en China, en Europa y en Estados Unidos, donde el aire que se respira transporta menos contaminantes y partículas en suspensión.

En este ambiente de drama mundial, los medios de comunicación resaltan las aguas limpias en los canales de Venecia y la presencia de delfines en costas italianas. La naturaleza sabia recupera la vida cuando los humanos nos sensibilizamos con los riesgos de enfermedad y muerte.