Déficit y apagón

San Pedro Sula, Honduras

Con demasiada frecuencia se precipitan las informaciones sobre acciones contra la ley, al margen de la ley o muy finamente disfrazadas en el campo legal, pero desconocemos por completo que la Fiscalía haya actuado en contra de quienes, con daños evidentes y comprobados a la economía nacional, familiar o personal, no hayan cumplido con su responsabilidad y su desempeño en la administración pública sea un claro fracaso por negligencia u omisión en el cumplimiento de sus deberes.

No hay una figura jurídica en el Código Penal que debiera haberla, pero la sociedad tendrá que crear espacios bien definidos para exigir responsabilidad política, ya que entre nosotros todavía no aparece la decencia y la ética personales para reconocer los errores y renunciar. ¡Cuándo llegaremos a ello!

Ahora, desde el sector eléctrico reconocen que habrá “déficit”. ¿No lo sabía usted? LA PRENSA ha presentado recientemente un trabajo periodístico completo sobre lo que se avecinaba. Silencio y hermetismo, quizá para preparar un documento en que muy técnicamente se diga lo que ya sabemos, pero que, en las altas esferas de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica, con tantas divisiones, generación, distribución, cobro, el ciudadano no sabe a quién mirar. Mejor llamar las cosas por su nombre que no utilizar el técnico lenguaje de las aulas universitarias.

El déficit, que no se traducirá en una menor facturación, es apagón, hablado y entendido. Y claro, como todo tiene sus causas, en las que no se incluyen los ejecutivos, tanto la Comisión Reguladora de Energía Eléctrica (Cree) y el Operador del Sistema (ODS) señalan que la necesidad de comprar se debe a la combinación de contratos vencidos, condiciones hidrológicas desfavorables y aumento de demanda.

No hace falta asomarse a El Cajón ni tampoco consultar el censo poblacional o creación de centros de trabajo para saber que el consumo de energía será mayor, los contratos vencidos o aquellos otros “pandos”, lo cual no está al alcance de los ciudadanos, aunque por los vientos que soplan hay de todo. La demanda seguirá creciendo, a no ser que estrangulen la economía y favorezcan la venta de candelas.

¿Escasez de agua? Vean los caudales de los ríos y pregunten en las grandes ciudades. ¡Qué bien, ya no hay contratos de emergencia!, pero qué mal que se llegue a una emergencia y toda la carga recaiga sobre los hogares, sobre los sectores productivos y de servicio, en pocas palabras, sobre el normal funcionamiento de las actividades diarias, pues apagón, aunque sea programado, es oscuridad.