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Puede parecer anecdótico y para muchos no es más que información para sonreír, pues son tan descomunales los problemas que mantienen en la raya del descalabro total a un organismo motor de la economía nacional. Nos referimos a la Empresa Nacional de Energía Eléctrica, cuyas deudas superan lo imaginable y la labor para mantenerla a flote condiciona la vida de los hondureños y la imagen en el exterior ante las entidades crediticias.

Ahora resulta, según trascendió, que los interventores tuvieron que suspender el servicio de internet por la afición de los colaboradores a las películas, series y reportajes especiales de Netflix. A ello habrá que sumar, todavía no cuantificado, el costo en el presupuesto de la empresa, pues lo que no se hace en el horario normal requiere de horas extras, esas de las que también ha hablado la junta interventora.

Dirán que hay problemas de fondo muchísimo más graves que el conocer el hábito de empleados y su adicción a bondades del mundo digital en el área cinematográfica o de investigaciones visuales, como la reducción de pérdidas, la disminución de la mora, la renegociación de los contratos y el esquema práctico para hacer una empresa moderna, eficiente y rentable y con servicio óptimo a los abonados.

Doctores hay en la economía y finanzas nacionales, pero es beneficioso conocer estos “detalles” que también ayudan a comprender más y mejor la precaria situación de la Enee. A la Capital Industrial del país llegó la junta interventora, hermetismo en sus integrantes, pero en fuente oficial del sindicato se conoció que elaboraron el censo de empleados, si son todos los que están y están todos los que son, salarios y responsabilidades en el campo laboral.

¿Los resultados? Es pronto para conocerlos, pero, como por arte de magia, ahora y siempre, se integran en la planilla laboral personas cercanas al color de turno, parientes y familiares e, incluso, vecinos o amigos de amigo, que con un contrato tienen un ingreso más sin necesidad de marcar o presentarse a trabajar.

Personas de confianza, más bien “confianzudos”, que habrá que podar con rapidez, así como llegan al contador de los renuentes morosos, aunque debiera conocerse el “padrino” y la firma de la persona que contrató y renovó la obligación de pago por un “trabajo” que siempre queda para mañana. Hay que ir al fondo del problema, que es muy profundo, pero no está de más conocer estos y otros detalles como dimensión de una corrupción legalizada y una ética en acelerado deterioro que nos tienen como nos tienen.