De película…

El discurso del Estado de la Unión estuvo de película con bandazos de un lado y del otro, lo cual es evidencia irrefutable del profundo sectarismo y la gran acritud entre los congresistas demócratas, mayoría en la Cámara de Representantes, y republicanos, con el poder en el Senado. La división está servida, pero no solo en el Poder Legislativo, sino en la Casa Blanca, con discurso, mensajes y hechos incendiarios.

Vayamos a los dos momentos más significativos de la jornada. Ningún presidente, a lo largo de la historia de la Unión Americana, se había negado a saludar a la persona que ocupa la presidencia de los representantes. El juicio político se hallaba en pantalla. Estaba claro, la mayoría oficialista en el Senado, que negó la presencia a testigos claves, absolvió a Trump. ¡Listo para la campaña!

La otra escena, también inédita en los anales de la historia del país del norte, muestra a la líder demócrata, Nancy Pelosi, romper ante los congresistas, invitados y las cámaras de televisión el discurso presidencial que le fue entregado a ella y al vicepresidente Mike Pence. La mano extendida de la presidenta de la Cámara fue desdeñada y el discurso del titular del Ejecutivo terminó a pedacitos en la papelera. ¡Vaya lo uno por lo otro!

El objetivo de la sesión quedó en evidencia con el grito coreado de “¡Cuatro años más!”, en referencia a las elecciones del próximo noviembre, desviando por completo el contenido del discurso del Estado de la Unión, cuya naturaleza está marcada por la selección de prioridades en la agenda de la Casa Blanca, lo cual fue transformado por el interés partidista y la pesada carga política en cada una de sus palabras.

El más tú, sobre todo en los espacios sin límites ni fronteras de la tecnología, quedó oficialmente plasmado como guerra abierta al no respetar las normas fundamentales y básicas de la cortesía. La líder representante fue tajante al explicar “lo he roto, era la opción más educada”. La decisión del Senado dará para mucho, pero tanto esto como lo otro no deja de ser una desgracia y derrota para la democracia norteamericana y un gran fiasco de la proclama “Estados Unidos primero”.

La conclusión de estas agitadas jornadas muestra claramente el favoritismo hacia el presidente Trump, que ha obtenido la mejor calificación desde su llegada a la Casa Blanca, lo que refuerza su posición en la carrera presidencial, en la cual aumenta cada día la retórica sobre esos mejores tiempos en la vida de los estadounidenses.