La Enee, intervenida

Que se tomarán medidas radicales para intentar el rescate de la Enee era una necesidad sentida. Queda ahora esperar que el equipo liderado por Mirian Guzmán haga el trabajo que hace falta para que una de las empresas públicas que podría tener las finanzas más sanas en todo el engranaje estatal, por la naturaleza del negocio al que se dedica, salga a flote y los hondureños no vayamos a correr nunca el riesgo de quedarnos a oscuras.

El servicio de energía eléctrica en cualquier país es vital. No hay desarrollo posible sin él. La industria, el comercio, el entretenimiento, el deporte, etc. no podrían existir como hoy los concebimos si llegara a faltar la electricidad. La cotidianidad doméstica se vería gravemente trastornada sin energía. Basta con recordar los racionamientos durante el gobierno del Dr. Carlos Reina, con apenas ocho horas de servicio en algunas ocasiones y el omnipresente ruido de los motores para sentir escalofríos. De ahí que la pervivencia y saneamiento de la estatal eléctrica deben ser prioridad de este y los subsiguientes gobiernos y debe ser algo que nos interese a todos.

Una de las quejas más escuchadas respecto a la Enee, sobre todo desde los sectores de la industria y servicios, es el costo, que puede restar competitividad al país al encarecer la producción. Luego está la de los usuarios domésticos que dudan de la manera en que se mide su consumo o denuncian cobros exagerados. Ojalá que los interventores den explicaciones creíbles y razonables sobre estas dos situaciones para que los abonados cumplan con la empresa con responsabilidad.

Se espera también que se pongan los medios para que se acabe con el hurto de energía o con la acumulación de deudas que terminan por ser impagables.

Es claro que si todo el mundo actúa con honradez y paga puntualmente el servicio, la Enee no solo puede ser sostenible, sino que podría generar excedentes con los que se pueden emprender nuevos proyectos o beneficiar a otros sectores de la ciudadanía. Esta será una de las tareas más arduas que aguardan a la comisión, porque es emprender una batalla en contra del robo y de la inconsciencia, que resulta mucho más complicado que resolver problemas puramente técnicos de la empresa.

Habrá que entenderse que cuando se dice que la Enee es “nuestra empresa”, no es que podemos aprovecharnos de ella como si fuera un bien particular, sino que debemos cuidarla como si fuera propiedad de cada uno de nosotros.