Mensaje a China

La reelección de la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, sobrepasa con mucho su significado por el número de votos y por la preferencia de un electorado muy significativo, los primeros votantes y la juventud en general, pues los laboriosos, disciplinados y visionarios taiwaneses esperan no sólo lo mejor para su país, sino que Pekín interprete el mensaje.

Hace un año era impensable el resultado, pero los electores más jóvenes han dado un rotundo no a las amenazas de China continental cuyo Gobierno es calificado de represor por la situación en Hong Kong, excolonia británica, donde las protestas y la violencia siguen marcando el día a día. Taiwán no quiere ser víctima de la intromisión del continente con la justificación de “un país, dos sistemas”.

La reacción inmediata de la presidenta Tsai mantuvo despejado el panorama que el candidato perdedor fue dibujando en la campaña con la promesa de un acercamiento al Gobierno de Pekín.

El resultado, aseguró la mandataria, muestra claramente el rechazo de amenazas. “Los resultados demuestran que cuando nuestra soberanía y democracia están amenazadas los taiwaneses responden”.

El récord histórico de más de ocho millones de votos se fue elaborando en los últimos meses con un discurso soberanista, totalmente opuesto al autoritarismo de Pekín, y la presentación de programas de reformas económicas y sociales que fortalecerán la situación interna de estabilidad y progreso en la isla y ampliarán la cooperación internacional con países amigos y con organismos internacionales pese a la permanente oposición y obstrucción de la China continental.

Como desafío contra los intentos intervencionistas, la presidenta reelecta lanzó un mensaje al Gobierno autoritario, “China debe abandonar sus amenazas y no puede ignorar a Taiwán, cuyo futuro debe ser decidido por sus 23 millones de habitantes”. Las relaciones a ambos lados del estrecho de Formosa deberán fundamentarse en cuatro columnas: paz, paridad, diálogo y democracia.

No faltan quienes prefieren las relaciones con la administración autoritaria de China para mejorar la economía y asegurar la estabilidad. En este ambiente y con un futuro inmediato, prolongación del cercano pasado, Taiwán se prepara para cuatro años más de tensión con la potencia continental.

Lo impensable hace unos meses es hoy realidad en la isla del estrecho de Formosa donde por décadas y generaciones defienden la democracia, valoran sus iniciativas, mantienen disciplina en el trabajo, saben superar los obstáculos de la potencia continental y son leales con países y gobiernos amigos.