A clase

La hora de sentarse en un pupitre, escuchar, tomar apuntes y, sobre todo, mostrar el mayor interés en aprender a pesar de los años al volante ha llegado para los conductores del transporte público y para los motoristas de las unidades de carga a través de la Escuela Nacional del Transporte, cuya positiva influencia se espera obtener con su educación, capacitación y certificación para lograr mayor seguridad y disminución de accidentes en las carreteras y calles de las ciudades.

Según estudios realizados, un 90% de los accidentes viales tienen como causa directa al motorista, sometido al estrés diario de largos trayectos, horario agotador y pelea en ruta con la competencia por los pasajeros, y si a uno y otro sumamos el acelerado incremento del parque vehicular y la casi nula presencia de agentes de tránsito tendremos respuestas al por qué tantos accidentes.

La llamada a clase tiene como objetivo no enseñar a conducir, pues muchos de los motoristas aprendieron viendo, aventurándose a manejar, y, por fin, carretera o avenida adelante. Hay todo un empirismo sabio al cual le falta una profunda concienciación de la responsabilidad para con los pasajeros, los peatones, otros conductores y consigo mismo.

Las materias, asignaturas, están plenamente identificadas y se desarrollan con la exposición de los temas en cada una de ellas, las leyes propias, ética y valores, derechos y obligaciones, estado anímico y psicológico durante el viaje, así como el respeto a las señales indicadoras de peligros, de áreas habitadas y de prohibiciones para rebasar a otro vehículo, adelantar en curva y, en ciudad, la orden “sagrada” de los semáforos.

Llega la temporada navideña y los números ya apuntan hacia una pesadilla anual por la gran cantidad de accidentes por mayor cantidad de vehículos en circulación, pero, sobre todo, por la irresponsabilidad con la euforia de unos días en que la “felicidad” se concentra en el tener y su disfrute. Diciembre, pesadilla a enfrentar hoy; las lecciones de la Escuela tienen una dimensión a más largo plazo, ambas necesarias para mejorar la seguridad y calidad de vida de todos los hondureños.

Jornadas de aprendizaje y, sobre todo, concienciación de un excelente profesional del volante que haga gala de la cortesía, de la tolerancia y del respeto a los derechos de otros conductores, de los pasajeros y los viandantes. La Escuela Nacional del Transporte Terrestre llama a clase, que nadie se “capee”.