Peligrosidad

Cercano ya el fin de año, la actitud más generalizada es la mirada hacia estos últimos meses del ciclo anual con agradecimiento por la vida, con nostalgia por lo que ya no volverá; pero también por la experiencia, como señala la canción de Violeta Parra, “gracias a la vida que me ha dado tanto…”, y por el análisis que evalúa el inmediato pasado, pero previene para disminuir los riesgos.

Ya ha trascendido el mapa de los países más peligrosos y las recomendaciones a los viajeros, particularmente a aquellos que por novedad o espíritu de aventura se embarcan hacia países en guerra o regiones en convulsión, cuyos riesgos son más graves. Su identificación no es el agrado de los señalados, pero los Gobiernos más responsables previenen a sus ciudadanos.

El continente africano y la zona de Oriente Medio muestran más países en rojo con alta peligrosidad por las guerras, de tal manera que “se desaconseja el viaje bajo cualquier circunstancia”, una forma muy cortés de decir no vaya…, aunque la opción queda abierta a la libertad individual o de grupo.

En América, la calificación no es tan drástica, aunque la inestabilidad política sitúa a Bolivia en el país con mayor inseguridad por la inestabilidad política que ha generado violencia y disturbios, que van disminuyendo a medida que se van identificando las condiciones favorables para nuevas elecciones en los próximos meses. Viajar solo por “extrema necesidad” se le aplica también a Venezuela.

Centroamérica, con excepción de Costa Rica, es ubicada en nivel de precaución extrema con zonas a evitar.

Honduras ha mejorado su imagen en el exterior, pero asusta aún la inseguridad, las precarias condiciones en atención a los viajeros y, sobre todo, la poca presencia en las agencias de viaje del exterior, que casi limitan su oferta al territorio insular, presentado exclusivamente como islas del Caribe. Todos estos factores, internos y externos, hacen que la industria sin chimeneas no despegue y solo aparezca en un turismo interno en unos días de verano y una semana de octubre.

Las recomendaciones de los Gobiernos para proteger a sus ciudadanos inclinan las decisiones de los viajeros. Necesitamos avanzar en seguridad, dejamos atrás, ojalá por siempre, “mayor violencia”, para que en el exterior seamos calificados de país tranquilo, sin zonas peligrosas y con atención de primera a los viajeros. Falta muchísimo, pero necesitamos hacerlo.