Carga fiscal

Evitar la destrucción de empleo y crear las condiciones más favorables para multiplicar las oportunidades de trabajo es la demanda tanto o más urgente que la seguridad, pues abundan quienes condicionan esta a las primeras; pero desde arriba no parece entenderse así, pues pese a respaldo temporal a los emprendedores, la columna vertebral de la economía y de la estabilidad social resiente los ajustes, sinónimo de más y mayores cargas fiscales.

No está la magdalena para tafetanes o el horno para bollos, como enseña la sabiduría popular, pues a la agresiva política fiscal hay que sumar la incertidumbre en el ámbito político, que exige gran tacto, entendimiento y comprensión para aumentar los centros de trabajo, expandir los existentes y hacer desaparecer por completo el temor a la salida de empresas del país o a la reducción de parte de su producción que se traslada a otros centros en el vecindario.

Esto ha ocurrido anteriormente en Honduras y en otros países de la región, puesto que la inversión es sumamente sensible y las decisiones de los inversionistas rebasan el presente para considerar sus posibilidades de ganancias de inmediato; pero sobre todo a mediano y largo plazo, lo que en estos momentos es una ecuación con incógnita desalentadora.
Sin embargo, aumenta la crítica y el sector privado resiente la política fiscal, cuyo triunfo se cifra en el sustancial aumento en los ingresos para sostener un presupuesto, cada día más dependiente de una deuda externa, cuyos recursos se evaporan en gastos en lugar de favorecer la inversión para atacar de raíz la pobreza, en aumento, para respaldar el sistema de salud, potenciar la educación pública o atraer capital con eficiente infraestructura.

Aumentan los ingresos, por lo que se sienten orgullosos los funcionarios del Servicio de Administración de Rentas, pero el gran agujero de la corrupción sigue tragando millones y el gasto público, aplastadora burocracia, impiden que la contribución tributaria alcance los inmensos vacíos sociales y todo, no solo siga igual, sino presagiando tiempos peores.

Podemos parecer pesimistas, pero la incertidumbre política, innegable por bonitas imágenes que se proyecten; las cargas tributarias, nacionales y locales, y su complejo laberinto de pago; los ajustes fiscales y las desventajas con respecto a alguno de los vecinos con propuestas firmes más atractivas señalan caminos cada vez más peligrosos que debiéramos evitar para no volver al reciente pasado ni experimentar la vorágine actual de países en nuestro hemisferio.