¡Qué remedio!

El Acuerdo de Cooperación de Asilo, ACA, tiene en Guatemala, desde el jueves, al primer retornado hondureño que ha presentado solicitud de ingreso en Estados Unidos y fue enviado al vecino país a esperar la decisión de las autoridades norteamericanas.

Según las autoridades chapinas, la asistencia a los migrantes contempla el regreso a su país que es la opción elegida por el compatriota, por lo que se le dará asistencia a través de organismos internacionales.

En el lenguaje no técnico, la denominación de “tercer país seguro” es la de mayor uso, aunque la expresión encierra una de las mayores contradicciones en la vida diaria de Honduras, país cuna de migrantes y con escasas, por no decir nulas, condiciones favorables para la atención a los que, en eterna espera, hayan de sobrevivir dentro de nuestras fronteras.Washington publicó recientemente el protocolo, una especie de reglamento en el ámbito jurídico interno, para dar vigencia al acuerdo y comenzar, como ya lo ha hecho en Guatemala, el envío de solicitantes de asilo a nuestro país.

El casi colapso por la gran cantidad de solicitudes en los tribunales de la Unión Americana obligará a una larga estadía que tiene fecha de inicio, pero no de final.

La incapacidad de nuestro país para atender -seguridad, alimentación, salud, alojamiento etc.- a los enviados y recibidos es de tal precariedad que hasta organismos internacionales como la

Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados, Acnur, ha hecho sonar la alarma, puesto que el alto índice de pobreza, más que un reflejo, es la evidencia más innegable de la inmensa carga que se nos viene encima y para la cual en un principio habrá ayuda, pero, poco a poco, irá disminuyendo mientras se obliga a un cumplimiento estricto unilateral.

La Acnur también advierte de otro gran peligro al señalar que el acuerdo podría incluir y justificar el traslado de personas “altamente vulnerables”, para cuya atención Honduras ha señalado que no dispone de centros ni facilidades para atenderlas, particularmente cuando la demanda de atención sea por seguridad. La respuesta de los funcionarios norteamericanos al hacerles esta observación fue tajante: es asunto innegociable.

La publicación del protocolo culmina el acuerdo, aunque queda abierto a “comentarios”, con alcance mínimo en corrección, hasta mediados del próximo diciembre. Acuerdo, acuerdo… ¡qué remedio!