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Revalorar la vida

La vida de cualquier ser vivo es valiosa. Ninguno de los organismos que habita este planeta está aquí por casualidad. Hay un delicado equilibrio y una notable interdependencia entre las plantas, los animales y el hombre. De ahí que todos deben ser respetados y su preservación debe ser una responsabilidad y una preocupación común. Sin embargo, de entre todos los seres vivientes, el ser humano, por su misma racionalidad, tiene una obligación mayor. Además, no obstante, el hombre se considere “la corona de la creación”, es, de muchas maneras, uno de los más frágiles y que mayor cuidado y protección necesita, y no solo en su infancia o en su vejez, sino a lo largo de todo su desarrollo.

El ambiente de violencia que se vive en distintos puntos de la región y el mundo, y Honduras no es la excepción, nos muestra, sin embargo, que la conciencia sobre el valor de la vida humana no vive su mejor momento. Las bandas criminales, originadas por todo tipo de inspiraciones perversas, parecen dar a entender que, como rezan los versos de una clásica canción mexicana, “La vida no vale nada”.

La Constitución de nuestro país señala que el Estado hondureño está comprometido con la defensa de la vida humana desde su origen, es decir, desde que se origina en el vientre de una mujer. A partir de ese momento, ya que, aunque dependa para todo de su madre, es otra persona, deben brindársele los cuidados necesarios para que crezca sano en todo sentido. La realidad aún dista de la intención constitucional y, evidentemente, hace falta bastante para que se pongan los medios necesarios para la creación de un ambiente que facilite el desarrollo pleno de nuestros niños.

Lo primero que habría que hacer es entender el valor incalculable que tiene una persona, no importa su edad, su sexo, su estado de salud, su nivel educativo, su procedencia, su estatus social o económico, etc. La dignidad del ser humano no está determinada por lo que sabe o lo que tiene. El ser humano vale por el mismo hecho de ser persona y de poseer unas dimensiones que lo vuelven único. Cuando se entiende eso se mira a los demás con otros ojos y se les trata de acuerdo con su singularidad.

Y no solo se trata de no matar a nadie. Se trata de buscar que cada individuo tenga la posibilidad de desplegar todo su potencial en uso de su libertad y en armonía con los demás. O no habrá futuro para nadie.