Más noticias

Sin prisas…

Las cosas de palacio van despacio, advierte el dicho popular que diariamente experimentamos los hondureños, y, por si algún escéptico mantiene la esperanza por aquello de que es lo último que se pierde, en los últimos días LA PRENSA presenta dos situaciones de naturaleza muy diversa. Una que se refiere a la salud de miles de personas y, otra, a la imagen, seguridad y ambiente saludable en la Capital Industrial del país. La primera es prioritaria; la segunda, un bofetón por años para los sampedranos, una y otra consecuencia del enredo burocrático, paso por oficinas y requerimiento de firmas.

Un año se necesita para que la solicitud de pensión de un derechohabiente del Instituto Hondureño de Seguridad Social termine el proceso en oficinas y se le comunique al solicitante que ya está con “retroactivo” su orden de pago en el banco. No hay mal que dure cien años…

Lo más doloroso para la mayoría es que durante esos meses quedan descubiertos en la atención médico y hospitalaria con excepción de aquellos tratamientos más graves. Este sí es golpe duro de la burocracia.

Aunque de naturaleza diametralmente distinta, pero como gran lunar en la vida de los sampedranos, el abandono y las ruinas de las instalaciones que por décadas fueran el centro de los acontecimientos sociales más relevantes en la ciudad han puesto su marca con el paso de los años y hoy se ha convertido “en foco de contaminación, en escondite de personas y hasta pueden haber ocurrido muertes en el sitio”.

En la primera calle, en el bulevar que divide la ciudad en norte, en la esquina donde el grito de gol en el estadio Morazán alegraba o hacía sufrir, el Casino se transformó en vergüenza para la ciudad. Dejadez, en un principio, pero cuando se inició el camino para su recuperación, si es que hay quien se anime a ello, o al uso del terreno, según ordenamiento urbanístico, se topó con la burocracia, en este caso, del Instituto de Antropología e Historia, que dada su naturaleza no estará holgado en recursos.

Se ha iniciado el proceso, pero no es que vaya despacio, es que no da señales de movimiento. La municipalidad también tiene su parte, pues ha creado en el sector un distrito cultural, pero no empuja parejo, pues, aunque sea propiedad privada, es bien de la ciudad. Antropología ha hablado, pero aquello de palacio, convertido hoy en burocracia, es desesperante porque “vuelva mañana” o “espere le avisaremos” nunca será solución a necesidades reales de los individuos o de la sociedad.