Un interés superior

Ahora que la justicia estadounidense ha declarado culpable al exdiputado, Antonio Hernández, no faltarán quienes quieran aprovechar la coyuntura para hacer lo que mejor saben: generar desorden y sembrar intranquilidad entre la población. Porque, aunque la mayoría aplastante quiere trabajar y convivir en paz, algunos, pocos, pero ruidosos y abusivos, han hecho de la protesta su modus vivendi.

Claro está que no se puede satanizar la protesta, que es, un derecho natural, pero resulta inaceptable que se busquen las peores maneras de hacerla, que se dañe lo que nos cuesta a todos y que se pongan obstáculos a la coexistencia entre hermanos.

En Honduras hay ya más de una docena de partidos políticos. Eso significa que no hay unanimidad respecto a la manera de conducir el Estado ni de cara a las soluciones para lograr un bienestar equitativo para todos. Y eso no es malo. Lo malo, lo pésimo, es pretender que el camino que señala un partido es el único posible y viable y que todos los demás andan perdidos. En lo opinable, y las ideas políticas son totalmente opinables, es obvio que no hay dogmas.

En una democracia, por muy subdesarrollada que esté, lo sano es sumar esfuerzos, buscar puntos de coincidencia, que siempre los hay, y trabajar por el interés superior que a todos debe preocuparnos, para crear fuentes de empleo y darle una vida digna a aquellos que no han tenido las oportunidades que deberían.

Luego de estos últimos meses, en los que hemos padecido una crisis tras otra, es urgente que los que toman decisiones y tienen liderazgo en distintos ámbitos de la vida social, política y económica, entiendan que no es peleándonos, creando fracturas, fomentando el odio, como vamos a sacar adelante el país. El partido en el Gobierno, los presidentes de los poderes del estado, los líderes de los partidos políticos en la oposición, los empresarios, las iglesias, las organizaciones de la sociedad civil, etc. deben dialogar, pero con sinceridad, sin simulaciones, sin cartas bajo la manga, sin encerrarse en posturas tercas, para evitar más daño a la patria.

Los hondureños auténticos, los que quieren a este país, ya han demostrado que no están dispuestos a matarse entre ellos ni a ejercer violencia contra sus hermanos. Por eso pocos han respondido a los llamados, dirigidos desde algunos foros políticos, a la “insurrección”, a los paros o a las huelgas. La cantidad de personas que asisten a las manifestaciones ha decrecido considerablemente, porque, si bien es cierto, demuestran determinada postura, no siempre obtienen los frutos deseados y más bien resultan contraproducentes.

Tenemos ahora una nueva oportunidad de demostrar nuestro amor por Honduras. No la dejemos sola y trabajemos por la paz y la convivencia armónica, hoy más que nunca.