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Con el culebrón, como llaman los españoles a las telenovelas, que se desarrolla en Nueva York, muchos hondureños han estado distraídos de los problemas reales que debemos enfrentar en común. Y no es que el flagelo del narcotráfico y su estela de sangre y muerte debe menospreciarse, pero, evidentemente, es un asunto que afecta a un segmento, no mayoritario, de la población y que tiene nombres y apellidos. Sin embargo, temas como el del agua debe ser tomado con sentido de urgencia y con la seriedad y responsabilidad que su disponibilidad y uso debe tener para todos.

El prolongado verano que se vivió este año ha causado profunda inquietud a los habitantes de la capital hondureña. Nadie tiene memoria de haber sido sometido a un racionamiento tan drástico y de la conciencia de ahorro que ha surgido entre los tegucigalpenses. Algunos barrios y colonias llegaron a pasar semanas enteras sin que llegara a las casas una gota del líquido vital, mientras, los más afortunados lo recibían por algunas horas un día a la semana.

En Tegucigalpa, desde hace unos años, ya resultan familiares las cisternas o pipas de agua, de propiedad particular, que transportan agua hacia los hogares que o no la reciben o no la reciben en cantidad suficiente. Algunas de estas cisternas se surten en las mismas represas capitalinas, por lo que, en principio, venden agua con cierta garantía de higiene; pero, durante este verano, el Sanaa también racionó notablemente a los distribuidores de agua por ese medio. De modo que, aunque se tuviera el dinero para comprarla, simple y sencillamente, no había cómo obtenerla. La crítica situación llevó a los capitalinos, tal vez por primera vez, a plantarse la necesidad de implementar extraordinarias medidas de ahorro y a valorar, como nunca antes, la disponibilidad de agua en sus casas.

El asunto ha sido tema obligatorio de conversación, medio en broma, medio en serio, en los distintos ambientes en los que se mueven los ciudadanos. En cada hogar se han inventado nuevas formas para el uso racional del agua, igual como ha sucedido en centros educativos, oficinas de Gobierno, empresas y en los negocios en general.

Ahora que los cielos nos están regalando agua generosamente, ojalá hayamos aprendido la lección, ya que sería una lástima que, una vez pasada la crisis, volviéramos al derroche y al consumo irresponsable. No debemos olvidar que el cambio climático no es un cuento y que este puede ser apenas el prólogo de algo peor, así que a mantener la conciencia de un uso responsable del agua desde ahora y para más adelante.