Más noticias

Libre, soberana e independiente

Se celebran hoy 198 años de la proclamación de la independencia de las antiguas Provincias Unidas del Centro de América, que, un día como este, decidieron acabar con la paternidad imperial española y buscar su propio destino como naciones soberanas. No hubo unanimidad, por cierto, para la declaración de la emancipación política de España, pero pudo más el deseo de libertad y de labrarse un futuro propio, para que los primeros padres de la patria pusieran por escrito aquella aspiración y redactaran el Acta que hoy todos los centroamericanos reconocemos como la que da fe de nuestro nacimiento como país con derecho a insertarse, de manera autónoma, en el concierto de las naciones.

Hubo movimientos independentistas antes de 1821, no faltó el derramamiento de sangre, aunque, afortunadamente, no con la misma profusión con que se dio en las guerras de independencia en Norte y Sudamérica, pero la decisión se toma, finalmente, en la propia Capitanía General, en la que aquellos prohombres, entre los que destaca don José Cecilio del Valle, el inmortal humanista, al que, gracias a sus habilidades intelectuales, confían la responsabilidad histórica de redactar el documento en el que se expresaron las aspiraciones de todo un pueblo.

Después de ese día, como lo atestigua la historia, el camino independiente no ha sido de tránsito fácil. Luego vino la anexión a México, y, finalmente, la ruptura de la Federación. Una vez consumada la desintegración de la Unión Centroamericana, comenzaron, incluso, roces y fricciones entre los estados hermanos que llegaron a provocar guerras fratricidas por disputas territoriales; disputas que, en algunos casos, han perdurado hasta nuestros días.
Por otro lado, la independencia permitió la definición de un perfil americano y regional propio y cimentó la construcción de unas nacionalidades que, como la hondureña, posee unos rasgos diferenciadores que la vuelven única, singular, especial.

Hoy la patria está de fiesta, y todos los buenos hondureños nos congratulamos de vivir en un país dueño de su destino, aunque conscientes de que la autonomía total no existe para ninguna nación y que lo normal es la interdependencia, más ahora en que el planeta entero ha devenido en la llamada “aldea global”. Además, esta conmemoración nos une cada año con el resto del istmo y nos recuerda que venimos de la misma cepa y que, por múltiples razones, nos necesitamos los unos a los otros.

Felicidades Honduras, felicidades hondureños; felicidades Centroamérica, felicidades centroamericanos.