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La ayudadita

Sigamos quemando para dar una ayudadita al cambio climático, que obliga a juicio de las autoridades a declarar emergencia tras reconocer las pérdidas de vidas y los daños materiales. Toda una historia que, de capítulo en capítulo, se viene repitiendo todos los años, como si aquello de tropezar en la misma piedra del camino no fuera de nuestro conocimiento.

El caso es que no acabamos que aceptar que prevenir cuesta menos que curar, y así el dengue sigue enlutando a las familias hondureñas, la sequía arrasa los cultivos y mata el ganado, el descenso en las represas y la escasez en acuíferos no solo genera nerviosismo en la población, sino que ya el racionamiento es el reflejo de la escasez en acelerado proceso.

La voz oficial ha lanzando el mensaje tras la reunión de los integrantes del Sistema Nacional de Emergencia, claro que el seguimiento exigido es dar respuesta inmediata porque el campo es arrasado, el ganado muere, cada vez se retrasa más el llenado de recipientes porque las cisternas tardan más en llegar y para la entrega del líquido hay que pagar; pero, además, sacudiendo la miopía habrá que extender la mirada porque los daños señalados en Olancho, El Paraíso, Yoro, Valle, Francisco Morazán y Choluteca irán en aumento y con extensión a otros departamentos.

De promesas y decretos a los hechos hay mucho trecho y, al referirse a la emergencia, no solo deben hacerlo al recurso financiero, a la búsqueda, hallazgo y destino de millones, sino a la movilización de empleados públicos de las Secretarías de Estado, a los cuales incumbe desarrollar las medidas para enfrentar la emergencia, que no tiene horario ni condiciones derivadas de los contratos colectivos, sino que es una realidad en el agravamiento de la supervivencia de millones de hondureños atrapados en esta dramática situación, que no hace paréntesis los fines de semana ni festivos.

La declaratoria se retrasó quizá a la espera de lluvias, reiteradamente anunciadas, pero sin vista al horizonte, que evidencia las adversas condiciones climáticas, hace algunos años en el sur, posteriormente en el corredor seco, que año con año muestra el círculo vicioso de la pobreza, y ahora en otras zonas donde los ríos se convierten en camino de herradura. Y si del campo pasamos a las ciudades, esa es otra historia más trágica para miles de familias. ¡Sigamos quemando, sin atrapar ni encerrar a los incendiarios, para dar una ayudadita al cambio climático.