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Nuevas autoridades

Una vez iniciado el proceso para elegir a los hondureños que se encargarán de dirigir las entidades que regularán los torneos electorales venideros, es necesario que todos, como hondureños, reflexionemos sobre el compromiso que tanto ellos como nosotros contraemos de cara al futuro de nuestro país.

Antes que nada, los que resulten electos deben tener presente que su primer reto será recuperar la confianza de la ciudadanía. Tanto las encuestas como la calle muestran que la mayoría de los hondureños aún tiene dudas sobre la transparencia del procedimiento de su elección y, por lo mismo, de su futuro proceder. De ahí que habrá que demostrar con hechos que lo único que los mueve es un acendrado amor por la patria, que tan mal la ha pasado en los últimos meses.

Vivir en democracia no es fácil, conjugar las visiones tan distintas y los intereses, muchas veces encontrados, de casi nueve millones de personas requiere de habilidades de malabarista y de una muy inteligente capacidad de negociación. Y eso no deben perderlo de vista los nuevos magistrados. Además, deberán enfrentar a los que nunca están de acuerdo con nada ni con nadie; a los que, por todos los medios, intentan deslegitimar todo aquello que no responde a sus personales caprichos y todos los que se sientan afectados cuando se privilegia el interés de la mayoría por sobre los suyos.

Lo importante es que vamos avanzando. Se han escuchado los consejos y advertencias de la Organización de Estados Americanos, se han construido consensos multipartidarios, se ha querido comenzar un camino en el que no haya retroceso en la construcción de un nuevo sistema electoral y unas nuevas leyes que satisfagan las expectativas de la mayoría de la población.

Pero, evidentemente, esas nuevas autoridades electorales van a necesitar el apoyo y el compromiso de todos. Por mucho que se esfuercen, por mucho que intenten mostrar credibilidad y recuperar nuestra confianza, poco lograrán si no les damos la oportunidad de trabajar, de organizar unos procesos en los que se destierren las dudas y sus resultados sean aceptados unánimemente. Las voces disonantes deben guardar silencio mientras se establece el nuevo modelo electoral para evitar el ruido innecesario y darle una nueva oportunidad a la paz duradera a Honduras en estos días que está de fiesta.