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Será tarde...

No se valora lo que se tiene hasta que se pierde, enseña la sabiduría. Podemos aplicarlo a la miopía de las autoridades de la ciudad y al muy escaso interés de los sampedranos por la protección y defensa de la riqueza tan abundante que la naturaleza sigue proporcionando en montaña y valle a la Capital Industrial.

En la edición del lunes, LA PRENSA presentó dos lugares que evidencian el daño, en acelerada carrera de irreparable: la laguna de Jucutuma, una década de sí y no en la que lleva las de ganar el último porque, quizá, el presupuesto es de centavos, poco atractivo para los ediles. Las labores agrícolas, la ganadería, la expansión de infraestructura y la venta de tierras golpean duramente el Cusuco, el área con mayor actividad de investigación en el país.

En silencio va muriendo la laguna, y con inmenso dolor y rabia de investigadores internacionales el área protegida se halla cada vez más desprotegida ante la presión, deforestación y explotación del área, para lo que se repara en los químicos y otros fertilizantes utilizados con graves daños para la gran biodiversidad del parque, en el que expertos en flora y fauna acumulan sorpresas por los múltiples hallazgos de anfibios, de cuya existencia no se tenía conocimiento.

Jucutuma agoniza no solo por el cambio climático, referencia y explicación para todos los abusos y destrucción de la naturaleza, sino por la ceguera de las autoridades centrales y municipales, pues ni la División Municipal del Ambiente (Dima), el organismo más cercano, ni Recursos Naturales ni Conservación Forestal, estas dos instituciones en la lejanísima y enredada capital, hacen algo. Agua, agua escasea. Avanza e invade el lodo y el verde tapiz del lirio que algunas veces se ha intentado eliminar. Pero la labor quedó paralizada cuando las aguas servidas de viviendas y haciendas fueron encauzadas a la laguna. Ni se vio ni se olió, pero la vida comenzó a desaparecer de las aguas, cada vez más contaminadas, y se hacen los “tontos”. Si el Chamelecón es la gran cloaca a cielo abierto, quién en la municipalidad se iba a preocupar por Jucutuma.

En el Cusuco, el gran problema es la deforestación, pues aunque se califique y se presente área protegida habrá que indagar quién previene los daños y quién reprime la destrucción de tanta riqueza natural. Al centro domina el asfalto y el cemento, ante los que la floresta cede; en el este, la laguna de Jucutuma perece, y en el oeste, la gran reserva de biodiversidad intenta resistir la avanzada de intereses antiambientalistas, cada vez más extensa e intensa y arrasadora. Cuando hayamos perdido estos tesoros de la naturaleza comenzaremos todos, no solo los biólogos, a valorarlos, pero ya será tarde e inútil.

Cusuco