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Más que mil palabras

La fotografía de la nota periodística en la edición de La Prensa del miércoles sobre la apertura de la sala para pacientes de dengue menores de edad es reveladora.

No son necesarias estadísticas, gráficas ni números para darse cuenta de la gravedad de la situación, que va en aumento, puesto que en la mayoría de los lugares no hay conciencia de la necesidad de incorporarse a la lucha contra la enfermedad, al contrario, la ciudadanía se hace la remolona, tanto en la limpieza de casa, solares y acera como en la pronta atención de los enfermos, sobre todo niños, como aquellos padres de una pequeña escolar sampedrana a quienes se les llamó al centro educativo para advertirles de la fiebre de su hija y la respuesta cada día: “ya le estamos dando medicamentos”.

Este es, sin duda, el gran error no querido, pero sí real, producto de la ignorancia y de la desidia en los centros de atención, carentes hasta de espacio físico para dar respuesta a la demanda, que tuvo que ser declarada emergencia para que cada caso, hasta ser descartado con los análisis de laboratorio, fuera atendido con prontitud.

Claro que esta es la consecuencia, fatal en demasiados casos, de una causa latente cada año, pero que en los últimos meses ha atacado con fuerza, tanta que ya ha superado todos los niveles de esta década que está por terminar.

Volviendo al documento gráfico al que hacemos referencia en el primer párrafo, se observa la sala del hospital Leonardo Martínez abarrotada. Hasta el pasillo se halla ocupado con mesitas, camillas, personas y sillas. Médicos, enfermeras y padres y madres, no es hora de visita, pero a quién quieren tener a su lado los pequeños o qué madre dejará solo al hijo.

La sala repleta de personas tiene una explicación sencilla que ya debiera haber provocado reacción en todas las familias, sin tener que esperar que empleados de salud o municipales fumiguen o limpien. He aquí: el 80% de los casos son menores de 15 años y nos preocupa porque es una población que está bajo la responsabilidad de los padres de familia”, señaló la fuente oficial de Salud.

Si el departamento de Cortés hizo saltar la alarma, hace unos días la emergencia se extendió a todo el país, pues el riesgo de la enfermedad aumentó, pese a la labor de fumigación en barrios y colonias; pero que no es completada con la limpieza de solares baldíos o la sanción a sus dueños, puesto que la plaga es el mal vecino que se difunde desde la humedad de la casi “selva” o desde el agua acumulada en llantas, botes y otros recipientes, arrojados en solares.