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Alivio

La población estudiantil en todos los niveles recibió con alivio y satisfacción la reanudación de las labores educativas, aunque en algunas escuelas y colegios el horario no se ha restablecido plenamente con la explicación de las asambleas informativas o la necesidad de la adaptación de los programas, cuyo desarrollo se ha retrasado.

Es decir, la replanificación en secundaria y primaria y el ya anunciado proceso electoral en la alma mater son todavía tareas pendientes para consolidar, por lo que falta del año escolar, el sistema enseñanza-aprendizaje y en la educación superior la enseñanza, la investigación y la vinculación estrecha a la sociedad para retribuir el esfuerzo de los ciudadanos en su sostenimiento, ampliación y mejoramiento.

Si “el tiempo perdido hasta los santos lo lloran”, manifiesta la sabiduría popular, cuántas lágrimas verdaderas, no de cocodrilo, habrán derramado los verdaderos estudiantes y los profesionales auténticos de la enseñanza. Y las que faltan... no en la lucha por el mejoramiento en las instalaciones, la adquisición de material y equipo o en la ruta de la excelencia, sino por la injerencia de intereses ajenos y lejanos al campo educativo, en el que se debe buscar el desarrollo y proyección integrales de los jóvenes, que solo podrá lograrse con el cambio y la adaptación de la educación a las exigencias actuales.

Aunque muy débilmente se han logrado restablecer, casi plenamente, las labores diarias, lo cual implica prudencia muy particular y defensa, a ultranza, del diálogo, pues, como señala la RAE, plataforma, “conjunto de personas, normalmente representativas, que dirigen un movimiento reivindicativo”. En esa dirección es donde no debiera caber elemento contaminante y sí amplia capacidad de negociación y, siempre, disponibilidad para el diálogo, cuya perseverancia garantiza no solo el objetivo, sino perdurabilidad de los acuerdos, alejando los conflictos que no se eliminan, pues con otras condiciones reaparecerán; pero el antídoto es el mismo, “hablando se entiende la gente” y, mejor, sin gritos, amenazas y violencia.

Salud y educación, dos pilares fundamentales en una sociedad sin fisuras, con un presente que no solo garantice paz, justicia y convivencia hoy, sino que las generaciones venideras hereden una Honduras mejor, un país en el que el bienestar se mida por el respeto a la vida de las personas, por la significativa disminución de la pobreza y el notable aumento del empleo, por la calidad educativa y ética, reflejadas en la conducta de todos los hondureños y un etc. etc. que una las playas del Pacífico con las del Caribe.