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Fuente de empleo

La serie sobre el desempleo publicada la semana pasada por Diario LA PRENSA, con documentación, criterios de profesionales de la economía y, sobre todo, con experiencia, la mayoría dolorosa, de quienes van y vienen sin hallar oportunidad de trabajo, no termina ahí, sino que ofrece también solución, que no es inédita ni mucho menos exclusiva, sino que, con modalidades, ha dado excelentes resultados en diversos países, particularmente en Asia. La pequeña empresa, la empresa familiar en Oriente, es el desafío, cuya apuesta se convierte en éxito. Entre nosotros, el empuje de los emprendedores se encamina a la creación, más realista, de oportunidades de trabajo.

Hay que emprender, se escucha con frecuencia, pero el emprendimiento que nace y se desarrolla como iniciativa personal o familiar habrá de hallar el respaldo, como responsabilidad compartida, de los Gobiernos, cuya miopía se ha centrado no en incentivar y respaldar las oportunidades en el mundo laboral y sector productivo privado, sino que las autoridades se convierten, todas ellas, en grandes empleadores con un costo, con poco beneficio, para la población y las empresas a través de los impuestos. Así, con lo inmediato y más sencillo, siguen obstaculizando el progreso del país, cuya gran fuente de empleo es el sector público con sus recovecos presupuestarios.

Es mucho más fácil y menos costoso hacer realidad la creatividad y desarrollar las iniciativas de los pequeños empresarios que emprenden la ruta de la producción, del comercio para abrir campo y con ello crear oportunidades y disminuir realmente, no en estadísticas, el paro, la desocupación. ¿Barreras? Aunque algunas han ido cayendo, todavía la burocracia sigue exprimiendo al emprendedor, al creador de una pequeña empresa allí en su vecindario y por medio de un espacio digital o con mensaje en las redes sociales amplía horizontes.

El que en el pasado hayan abusado de la dispensa en tributos, aranceles, en el otorgamiento de subsidio y su despilfarro no debe ser explicación ni justificación de temor, pues quienes fallaron fueron funcionarios, plegados a sus intereses, no a los objetivos concretos de los emprendedores nacionales o a factores externos, sumamente sensibles a nuestra realidad política y social.

El desempleo hay que combatirlo con todo, pero sus consecuencias son tales que, sin temor a equivocarnos, las calificaremos de descomunales, pues sobre ellas cabalgan la inseguridad, la violencia, la exclusión, la pobreza y un etc. etc. tan largo que une las costas del Caribe con el Pacífico.