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La plaga

El origen y el camino de la solución se hallan en el hogar, donde, generalmente, comienza la enfermedad y los adultos aplican medicamentos contra la fiebre con gran riesgo de perjudicar aún más al paciente. Nos referimos al dengue, con mayor incidencia en el departamento de Cortés, según las explicaciones en Salud, cuyo personal especifica que el 67% de las víctimas de la enfermedad son menores de 10 años, cuyos padres llegan a hospitales tras varios días de aplicarles remedios tradicionales.

Hay temor y alarma en las familias, particularmente en aquellas en los que el ambiente en torno a la vivienda o en el predio de la escuela donde estudian los menores hay recipientes llenos de agua, espacios sumamente húmedos por la abundante maleza, aguas estancadas en las cunetas o pilas descubiertas, ambientes favorables para el brote de plaga. Año con año, es más fuerte la embestida y de mayor concentración donde a la ausencia de prevención por las autoridades se suma la indolencia de los padres de familia y la población en general que, como señala la sabiduría popular, “después del trueno, Jesús María”.

La desidia en el hogar y la coyuntura en la salud pública se combinan para tener entre nosotros ya un peligro cercano, inminente y mortal, evidenciado en las 34 víctimas mortales, de las que 23 son niños. De los ingresos por dengue en el Mario Rivas, el 82% por ciento son menores. La prevención está en el hogar, pues las instituciones públicas desde el primer nivel, centros de salud, al hospital departamental, regional o nacional presentan un acelerado deterioro no solo en instalaciones físicas, sino en la dotación de medicinas; pero, sobre todo, en el personal.

La Organización Panamericana de la Salud le pidió a los funcionarios del Ministerio de Salud declarar alerta sanitaria en la zona norte, donde se centra la labor del equipo de la OPS, de manera que puedan ser más eficaces y prontas las estrategias preventivas con acercamiento a las familias, el fortalecimiento de los centros básicos para una primera atención médica y, si es necesario, el traslado del paciente al hospital.

Llevar a los niños tres días después de haber aparecido la fiebre es un gran riesgo, pero también es necesario eliminar el nefasto paralelismo, sangre a la vista, emergencia; lo demás a la fila a esperar.

Hay responsabilidad compartida que se origina en la población, llega a las autoridades y a los profesionales de la medicina, pues a todos ellos debiera preocupar la vida e ir trabajando por la calidad de la existencia de cada persona, no solo por la supervivencia en un ambiente de aguda indigencia y necesidad.