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San Pedro Sula, Honduras

Aunque no generará sorpresa, al contrario, habrá preguntas en el ambiente, puesto que para muchos hondureños hablar de Andalucía y de una de sus provincias, Almería, es, en todo caso, un movimiento reflejo con pregunta, ¿qué?, ¿dónde? En la madre patria, pero sí, ¿vascos, gallegos, catalanes? No, nos referimos al sur de la península, donde África está casi a un tiro de piedra, donde el sol “no falta” todo el año y donde hasta hace unas décadas las aceitunas, aceite y vino eran los productos más representativos de la tierra.

Honduras a través del viaje del presidente Hernández podrá descubrir, admirar, en la “huerta de Europa”, así se califica a Almería, variedad de productos agrícolas, entre los que se hallan los aguacates, las papayas y otros que hasta hace unos años eran calificados de tropicales, y que en el “trópico” del continente europeo, desbordado por el sol, no solo es generador de auge turístico durante todo el año, sino modelo de agricultura del Viejo Continente, protegida y sostenible.

El nuevo modelo de nuestra agricultura pasa, como necesidad existencial, por medidas ambientales con las que se protejan las áreas cultivadas y para el cultivo, así como la agilidad para llegar al consumidor. Si antes se decía “el pez grande se come al pequeño”, la teoría del marketing se inclina a mostrar como dogma que “el pez rápido se come al lento”. Puede parecer simplista, pero la competencia, con el respaldo de una eficiente y duradera competitividad habrá de marcar el ritmo de la producción en el agro y su calidad.

Las teorías de la producción agrícola se desarrollan sobre agricultura especializada que, en el caso de Honduras, deberá dirigirse primariamente a atender la demanda de alimentos, de manera que no solo favorezca la balanza comercial con menores importaciones, sino, sobre todo, instaurar y fortalecer la seguridad alimentaria, disponibilidad de productos, acceso a ellos en el mercado y su aprovechamiento. El tema ha llenado discursos y promesas de campañas, pero nada o poco de ello en la vida de millones de hondureños sumidos en la pobreza y en el desafío diario de sobrevivir.

Conocer, aprender y poner en práctica debe ser un reto urgente para ampliar y mejorar la producción agrícola, no solo exportable, como el café, la tilapia, el aceite de palma y el banano, sino aquellos otros cultivos que enriquezcan la dieta familiar. La aplicación de tecnología, la reserva y el uso del agua, el transporte de la producción al mercado, la protección del ambiente y el financiamiento a la producción han de pasar del pensamiento y del discurso al campo.