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La imagen más clara de Dios

Honduras es, tal vez, uno de los pocos países que cuenta con un Himno a la Madre. Además, también es común ver en parques y plazas de nuestros pueblos y ciudades, monumentos dedicados a las madres; en la mayoría de ellos hay una escultura de una mujer con su hijo en brazos. Son muy conocidas las representaciones de la rotonda sampedrana y la estatua ubicada en las cercanías del aeropuerto Toncontín en Tegucigalpa.

Y esos no son sino pálidos homenajes a aquellas que han llevado en su vientre una criatura durante nueve meses, con toda la fatiga y el esfuerzo que eso requiere; aquellas que, en nuestro país, en tantas ocasiones llevan solas la responsabilidad de sacar adelante a la prole; aquellas que se alegran, sufren, sueñan y están dispuestas a dar la vida, si hace falta, por cada uno de sus hijos.

Nuestro Himno a la Madre concluye su coro sentenciando que no hay sobre la tierra una imagen más clara de Dios que la que las madres ofrecen. Ese verso nos indica que hay en las madres una potencia creadora similar a la de la divinidad, una capacidad de sostenernos en la existencia y un cuidado tierno e ininterrumpido no importa cuántos años tengamos.

El recurso literario podría resultar exagerado o impertinente, pero no está para nada alejado de la realidad. Hay un nivel de generosidad, de capacidad de entrega y de renuncia en las madres que no tiene parangón. Además, la paciencia, la comprensión, la indulgencia con que suelen tratar las madres a sus hijos solo se da en ellas. Por eso, hoy, miles de mujeres serán felicitadas, homenajeadas, recibirán regalos y escucharán frases llenas de afecto como no las oyen el resto del año.

Se ha dicho que todos los días deberían ser Días de la Madre, que todos los días del año deberían recibir el homenaje agradecido de sus hijos; y es cierto. La maternidad exige trabajar los trescientos sesenta y cinco días del año, con todas sus semanas, días y horas; no hay vacaciones ni días de descanso; no hay edad de jubilación ni salarios ordinarios y bonificaciones.

Todo lo anterior exige una reflexión detenida y profunda de parte de los hijos, para que valoren esa labor más heroica que cualquier otra, y para que, con hechos concretos, a lo largo de todo el año busquen su felicidad y bienestar.

Dios bendiga hoy y siempre a todas las madres de Honduras.