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Miopía

La visión a corto plazo suele generar miopía que se agrava en ceguera consentida, dando como resultado mirar hacia otro lado en vez de enfrentar problemas comunes que, como la tecnología moderna, rebasan las fronteras y no hay muro que los detenga. La situación, pobreza, desempleo, violencia, pero también ilusión, falacia arrolladora, da la explicación del éxodo que como señalamos está a flor de piel y basta un toque, muy fácil con el mundo digital, para que brote y rebrote en grupos numerosos de caminantes hacia el norte.

Con el inicio del siglo, los sueños visionarios de una nueva etapa brotaron en todos los rincones y de toda naturaleza, de manera que tras el peligro ficticio del desastre tecnológico y la rebelión de los sistemas fueron apareciendo programas, planes y acciones concretas con el adjetivo del milenio. Hubo ilusión que alcanzó también al istmo centroamericano restablecido ya de conflictos bélicos a los que no se quiere volver. Algún resto queda hoy con la dictadura sandinista replegada en un antihistórico presente con la mirada aún en un pasado, muy pasado.

Surgió el Plan Puebla Panamá, megaproyecto multinacional para impulsar el desarrollo económico y social desde el sur mexicano hasta la frontera natural de la región en Panamá. El desarrollo de infraestructuras con base para atraer inversión que incentive el mercado laboral, proporcione estabilidad de ingresos a las familias y fortalezca la institucionalidad fue una de las primeras iniciativas creativas para la región tal como se refleja en la reunión de 2002 en la que, con fondos del Pacto de San José, se identificaron ocho iniciativas: desarrollo sustentable, desarrollo humano, prevención de desastres, promoción del turismo, facilitación del intercambio comercial, integración vial, interconexión energética y telecomunicaciones.

El que mucho abarca... Como suele suceder, los técnicos, en elaboración de los proyectos, miden hasta las comas, pero el núcleo, la población, queda en el espacio de veremos que en el caso concreto del PPP no es necesario preguntar por los resultados, basta echar una mirada al éxodo de personas. Se agotó aquello de la condonación, el esfuerzo regional, cada vez con más obstáculos, “pueblo chico, infierno grande”, e iniciativas como las del proyecto mesoamericano.

Lo que en principio se presentó como de gran beneficio para Centroamérica a la larga hubiera resultado una inversión sumamente favorable para México cuyas fronteras evidencian vulnerabilidad en la ruta hacia el norte. Pasaron décadas, pero, como escribió el Sabio, “soñaba el abad de San Pedro y yo también sé soñar”.