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No cuesta nada

Soñar no cuesta nada y además no paga impuestos, es la expresión popular cuando se evalúan no detalles, sino dimensiones fundamentales de planes y proyectos que si son necesarios se muestran con alto nivel de imposibilidad por su pasado que hace escapar una sonrisa con cierto sarcasmo, pero, con todo y todo, hay que dar respuesta a una serie de problemas cuya dejadez ha hecho más profundo el abismo tal y como ocurre en empresas e instituciones públicas en donde, desgraciadamente, hay que aplicar, como último consuelo, más vale tarde que nunca.

En el agitado ambiente por el incremento en la tarifa de la Enee, el reconocimiento del incumplimiento de compromisos en el contrato con la concesionaria EEH y la cercanía de la negociación de un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, el Gabinete Económico entrega propuestas al presidente del Poder Ejecutivo contenidas en el plan de rescate de la Enee, cuyo alcance en palabras más técnicas es presentado como el programa de reestructuración del sector eléctrico con base integral, gradual y, sobre todo transparencia, lo cual suena a ironía, pues en el organismo de la luz hay oscuridad, cuya eliminación se convierte en elemento prioritario en la reforma.

Está claro que el nivel de credibilidad y confianza es bajo y se evalúa más en el momento actual por las condiciones inmediatas en que se mueve no solo la empresa de energía, sino las finanzas del país a la espera del alivio por acuerdo con el organismo internacional de crédito, cuyas condiciones tienen un impacto directo en el sector productivo y en la población con la promesa, eso sí, de reajuste y ordenamiento que, a la postre, no llegan.

En las propuestas presentadas no hay mucha novedad, cómo será el nuevo reglamento tarifario, la recuperación de pérdidas y la eliminación de contratos de maletín. Todo ello muestra evidente de cómo se ha manejado la empresa estatal a lo que habrá que sumar, la presunta corrupción sobre la que ya se escarba y va saliendo a luz.

En el fondo de la celeridad en la presentación y aprobación de las propuestas se halla la fecha cercana en que llegará la misión del FMI, a quienes habrá que mostrarles un plan de rescate de la Enee sólido y creíble para abrir la ventanilla, pues es necesario acceder a préstamos en términos concesionales para sacar a la empresa del abismo financiero en el que se sigue precipitando por causas de todos conocidas, desde los contratos a las enquistadas pérdidas, a las variaciones en el mercado petrolero y al fiasco de las fuentes de energía limpia. Un contexto en el que aunque sea mal de muchos, consuelo de tontos... habrá que cobijarse, pues más vale tarde que nunca.