Más noticias

Nuestros ninis

Desde hace tiempo se acuñó el término nini para hacer referencia a aquellos, sobre todo jóvenes, que ni trabajan ni estudian. Fonéticamente, la palabrita pude sonar simpática, pero, en realidad, esconde una realidad dura y triste que compromete no solo a las personas que se hacen merecedoras de ese nombre, sino al país entero.

De acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadística, en 2019 más de ochocientos mil niños y jóvenes, de entre 3 y 17 años, no se han matriculado en ninguno de los niveles de nuestro sistema educativo, es decir, el 30.5% de los que componen ese rango de hondureños que deberían estar cursando su educación preescolar, primaria o secundaria.

En el caso de preescolar, además de la falta de una actitud que haga asumir a los padres la importancia que tiene la estimulación física e intelectual de sus hijos desde los primeros años de vida, hay padres que piensan que los niños al kínder solo van a jugar, hay todavía un problema de cobertura, sobre todo en el área rural. Es claro que desaprovechar un período de desarrollo en el que se adquieren destrezas psicomotrices que facilitarán la adquisición de competencias de diversa naturaleza en los años por venir pone en manifiesta desventaja a estos infantes en relación con aquellos que sí han asistido al jardín de niños y que recibieron una adecuada preparación no solo para enfrentar su futuro académico, sino sus capacidades para socializar, para convivir.

Es evidente que en este nivel la responsabilidad recae enteramente sobre los padres de familia, porque son ellos los que matriculan a sus hijos y los que velan por que asistan a clase todos los días lectivos. Habrá, no puede ignorarse esta realidad, padres que no cuentan con los medios para escolarizar a sus hijos a temprana edad por una serie de factores sociológicos largo de enumerar. Algo similar sucede con aquellos niños que deberían asistir al primer nivel de la educación básica. En estos casos, aquellos que no van a la escuela suelen quedarse en casa o comienzan a frecuentar la calle

Pero, en la medida en que nos vamos acercando al tercer ciclo de educación básica y al diversificado, la situación empeora porque los adolescentes y los jóvenes que ni van a la escuela o colegio ni trabajan corren el riesgo real de incorporarse a grupos dedicados a delinquir o a pandillas que van a comprometer su futuro y su vida adulta.

Hace falta que la sociedad entera tome conciencia de esta situación. Nos estamos jugando el futuro de Honduras, y esa es responsabilidad de todos, cada uno desde su área de influencia: padres de familia, educadores, líderes de opinión, autoridades. El reto está ahí, enfrentémoslo con seriedad.