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Gana gana

San Pedro Sula, Honduras

No es lo mismo verla venir que platicar con ella, aunque en estos momentos ya es haber llegado, dirigir las primeras palabras y escuchar. Sorpresa por el resultado, no, pero sí por su volumen, pues no será necesaria la segunda vuelta en las elecciones de El Salvador tras la rotunda victoria del candidato de la Gran Alianza por la Unidad Nacional (Gana) y la estrepitosa derrota del izquierdista FMLN (el oficialismo) y del derechista ARENA, cuya dirigencia “soñaba” con del balotaje para salvar el bipartidismo, pero en palabras del triunfador: “Hemos pasado la página de la posguerra”.

Nayib Bukele, exalcalde de la capital salvadoreña por el partido del Farabundo Martí, del que se fue alejando hasta romper definitivamente e integrarse a Gana, donde creó su imagen rebelde e idealista, precedida por su buena gestión en la mayor municipalidad del país. Ahora todos son elogios y grandes esperanzas, pues El Salvador, integrante del Triángulo Norte del istmo centroamericano enfrenta graves problemas como Guatemala y Honduras. El momento de pasar de las palabras a los hechos está cerca y hasta entonces los salvadoreños y los centroamericanos habrán de esperar, aunque por las víspera se conoce la fiesta.

El discurso anticorrupción que atrajo en la campaña habrá de dar paso de inmediato con antecedentes ejemplares a la transparencia y al manejo honrado de los recursos públicos. Dos expresidentes tienen causa en los tribunales, uno de ellos refugiado en Nicaragua, y el tercero falleció. El contrapeso a esa negativa imagen lo da el Poder Judicial, que sienta en el banquillo sin miramientos de cargos o alturas.

Hacia Venezuela se proyecta también el triunfo de Nayib Bukele, pues el régimen chavista pierde uno de los pocos apoyos que le quedaban en el hemisferio. Salvador Sánchez Cerén fue uno de los cuatro mandatarios con el cubano Miguel Díaz-Canel, el nicaragüense Daniel Ortega y el boliviano Evo Morales, que asistió en Caracas a la proclamación de Maduro. El paralelismo, Somoza-Ortega, no necesita explicación. Su simpatía con Andrés López Obrador define la nueva línea de gobierno en el país y en la región.

El desafío está marcado por su relación con la Asamblea Nacional, dominada por los dos partidos perdedores, el triunfador tendrá ganas, pero apenas cuenta. Dos años tiene el nuevo Presidente para llevar su poder mediático al Poder Legislativo en las elecciones parlamentarias de 2021.