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El IHSS

San Pedro Sula, Honduras

Medicamentos, atención en urgencias, ampliación y mejoras de instalaciones y citas son cuatro de los mayores dolores de cabeza para los derechohabientes del Instituto Hondureño de Seguridad Social, cuya salvación tras el saqueo no acaba de aterrizar en la población afiliada que aunque reconoce mejoras sigue siendo víctima del sistema que centró todo el esfuerzo en la recuperación económica y financiera con carga a la cotización en progresivo aumento contemplado en la Ley de Protección Social que entró en vigor en septiembre de 2015.

El rescate integral del Seguro Social no depende solamente de las cotizaciones, sino de una sana administración de los ingresos y el uso óptimo de los recursos humano, equipo e instalaciones, de manera que los aumentos en la cuota se reflejen en atención diligente, oportuna y eficaz. En los últimos años, el cese de empleados, la mayoría con décadas en la institución, ha agudizado el problema, pues en la mayoría de los casos las responsabilidades recaen en el personal activo. Las sustituciones van para largo en aquellos puestos con empleados especializados bien en el campo de la medicina como en laboratorio.

Esta sería una de las causas por lo que las citas con especialistas se dilatan por meses con el riesgo de tener que renovarlas. En el área de enfermería se multiplican los problemas, pues a la disminución de personal hay que anotar el incremento de aportantes al instituto y sus beneficiarios, lo cual multiplica la delicada tarea de atender a los de ingresos hospitalarios como a los pacientes de consulta externa o urgencias.

El rescate del IHSS y su consolidación va mucho más allá de las cotizaciones y exige el aporte de todos los integrantes del sistema así como el Estado, cuyos Gobiernos han utilizado la institución con objetivos sectarios partidistas sin hacer alusión siquiera a la obligación aceptada de respaldar las aportaciones de trabajadores y empresarios con una mínima cantidad como derecho de todos los hondureños a la salud. Es la mora histórica como Estado, distinta a la mora de instituciones de los gobiernos central y locales que dedujeron a los empleados y se quedaron con los recursos, tal como ocurrió en la alcaldía sampedrana cubriendo con total impunidad a las autoridades y sus cómplices en el Seguro.

Agua pasada, dirán algunos, pero todavía pesa en la memoria de trabajadores y empresarios que exigen arrancar de raíz la injerencia de los políticos de turno e integrar una dirección que surja de quienes cotizan y estén bajo la lupa de representantes honrados, defensores de los derechos de afiliados, no como en el reciente pasado en que la colusión fue la eficaz credencial del saqueo del Seguro Social.