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Giro de timón

San Pedro Sula, Honduras

El pasado tres de enero de 2019 se instaló el nuevo Congreso de los Estados Unidos, el cual quedó integrado por una Cámara de Representantes con mayoría demócrata y un Senado dominado por los republicanos. En esta forma, aparentemente se le complicarán las cosas al presidente Donald Trump para desempeñarse en los dos años que le restan de su mandato, forzándolo a la negociación y a la concertación si no quiere verse frenado en la ejecución de la mayor parte de su agenda ejecutiva.

Este cambio ha significado para los analistas una especie de referéndum nacional sobre la administración republicana. Aumentando la brecha que separa a las dos fuerzas políticas opuestas del país, aunque sin una mayoría absoluta para ambos bandos, lo cual podría constituir un motivo de alegría para unos y de preocupación para otros.

Lo que sí está claro es que este resultado ha representado un triunfo para Trump al haber conseguido el apoyo de un sector del país, mayoritariamente del área rural y conservadora, que votó republicano; pero también para los demócratas, que lograron el favor del sector urbano, multicultural y liberal, lo que ahora se patentiza con la integración de las nuevas fuerzas políticas en el Congreso de la Unión, y cuya polarización queda reflejada con las declaraciones de los principales líderes demócratas, que han expresado su férrea oposición al presidente Trump, quien no podrá pasar una sola ley de importancia en el resto de su periodo pues los demócratas han ofrecido bloquear cualquier iniciativa de el en el Congreso. Lo que apunta, además, que las investigaciones sobre la trama rusa serán ahora más intensas y apabullantes, circunstancia que hará más caótico el ritmo de la Casa Blanca.

Pero al mismo tiempo el control del Senado significa para Trump la escasa posibilidad de un juicio político o “impeachment” en su contra, y más libertad en cuanto a las medidas que pueda tomar en materia de política exterior, en la nominación de jueces vacantes para la Corte Suprema de Justicia o en la imposición de sanciones para otros países, como la decretada recientemente a Nicaragua y Venezuela, mismas que podría incluso abolirlas posteriormente si considera que podrían ser lesivas a los intereses de EEUU.

De acuerdo con una reciente publicación de CNN, esta situación significa no solo una división interna en el país, sino que también una fractura social, ya que la nación está ahora dividida en dos “coaliciones políticas”, que influirá en la aplicación de la reforma fiscal impulsada por el presidente Trump que constituye por ahora el principal logro de su administración.

En resumen, el panorama no pinta bien, ni para unos ni para otros. El Congreso está ahora dividido por el muro fronterizo de Trump y para remate, con un cierre parcial que afecta a los principales servicios gubernamentales.