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“Asfaltar las calles con plásticos reciclados podría ser una solución sostenible que nos permita ahorrar el coste de separar, limpiar, compactar y enviar las balas al continente”, no es expresión producto del insomnio o la ilusión, sino la iniciativa que se está experimentando en la isla de Utila y que presenta el diario español El País en una edición reciente en la que exalta la belleza de este lugar, tesoro en el Caribe hondureño, pero también advierte del grave peligro para sus aguas, la población y el turismo. “Hoy estamos utilizando 272 kilos de plástico para hacer el hormigón. Reducimos la cantidad de desperdicios de la isla y lo usamos para el bien común”, explica Eymi Yolanda Reyes Galeas, supervisora del proyecto.

En San Pedro Sula también la preocupación hace unos años se convirtió en iniciativa, analizaron su viabilidad y nació la primera planta recicladora, que procesa mensualmente 3,000 toneladas de plástico para surtir necesidades en las industrias, disminuir la contaminación y proporcionar trabajo a miles de recolectores en la ciudad, quienes venden los envases a intermediarios para hacer la entrega en una moderna planta con cuatro laboratorios para el tratamiento y transformación del material.

Cuando por el bulevar del norte se observan vehículos de los que apenas se miran las cuatro ruedas, la defensa del ambiente está en marcha, que puede ser una gota en el inmenso océano; pero nada como dar primeros pasos para enrumbarse hacia destinos mejores que exigen, además, cambios culturales para la limpieza de lugares públicos, proteger a todo viviente y proporcionar a la población condiciones cada vez más favorables para la salud y positivas para la imagen de nuestra ciudad.

“Estamos evitando que el plástico siga en las calles, evitamos la contaminación e impulsamos el desarrollo económico. Nosotros compramos botellas, las molemos, lavamos y hacemos láminas... Los productos que aquí fabricamos los exportamos a Estados Unidos y Colombia”, explica la gerente de compra de materiales de Invema.

Ante la amenaza a la vida marina y a la salud de las personas, en la capital industrial hay quienes sin hablar mucho presentan soluciones para el ambiente, la imagen de la ciudad y para miles de familias cuyos ingresos, como recolectores de plástico, les ayudan a sobrevivir. La iniciativa rebasa los límites de la urbe, tanto en la recolección como en los beneficios de este trabajo, pues en la riqueza coralina de la costa caribeña e insular disminuirá la presión de los desechos que desde las ciudades, no solo de nuestro país, envenena las aguas, acaba con la vida marina y asfixia el inmenso tesoro del coral del Caribe. ¡Bienvenidas soluciones en defensa de la vida y el ambiente!