“Solo una cosa vuelve un sueño imposible: el miedo a fracasar”, Paulo Coelho. Existe el miedo natural normal, resultado de una emoción natural que nos ayuda a prevenir un peligro y vivir en un equilibrio, pero cuando el miedo paraliza y vuelve inactiva la persona, generando una respuesta elevada, esto termina en una preocupación y obsesión.

Físicamente sientes que tu corazón bombea más sangre, la adrenalina se dispara y el estómago se cierra. Sientes agobio, malestares, estrés, insomnio, desconfianza, vulnerabilidad o culpabilidad, en fin, una imagen irreal de la realidad. Pero en forma positiva, el miedo nos ayuda a generar un estado que nos permite agudizar los sentidos, salir de la zona de confort y abrir caminos donde no los hay, nos obliga a tomar riesgos y muchas veces nos permite ser proactivo y a la vez establecer una dinámica de oportunidades. “El miedo nos mantiene en el pasado o preocupados por el futuro.

Si podemos reconocer nuestro miedo, podemos darnos cuenta de que en este momento estamos bien. De que hoy en día todavía estamos vivos, y nuestros cuerpos funcionan de manera maravillosa”, Thich Nhat Hanh.

No es el miedo en sí lo que origina el problema. No temamos, Dios tiene la última palabra. Aunque la tierra gime, nosotros estamos confiados. “El león, fuerte entre todos los animales, que no vuelve atrás por nada”, Proverbios 30:30 RVR60.

Todas las naciones de la tierra en los tiempos finales sufrirán, pero declaramos no una idea o pensamiento humano ni filosofía ni religión, sino la verdad de Dios, que es su Palabra, lo dicho por el profeta Joel para mi nación Honduras y los confines de la tierra.

“Tierra, no temas; alégrate y gózate, porque Jehová hará grandes cosas y os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta, mi gran ejército que envié contra vosotros”, Joel 2:21,25. RVR60. Victoria total.