La autora Katara Patton se refería a uno de sus juguetes favoritos de la siguiente manera: “La pequeña caja rectangular era mágica. Cuando era niña, podía estar horas jugando con ella. Girando una perilla, creaba líneas horizontales en la pantalla. Giraba otra y... listo: una vertical. Cuando giraba las dos juntas, podía hacer diseños creativos en todas las direcciones. Pero lo realmente mágico era cuando la ponía boca abajo, la sacudía un poco y la volvía a enderezar. La pantalla aparecía en blanco, ofreciéndome la oportunidad de crear un nuevo diseño”.

Ahora déjeme decirle algo, querido lector: el perdón de Dios actúa muy parecido a esta pantalla mágica. Colosenses 2:13-14 dice que Dios nos dio vida perdonándonos todos los pecados, anulando, a la vez, el acta de los decretos que había contra nosotros, quitándola de en medio y clavándola en la cruz.

La Nueva Traducción Viviente de la Escritura dice, incluso, que Dios eliminó el acta, es decir, la desintegró, ya no existe. Lo cual concuerda perfectamente con lo que expresaba el profeta como vocero divino: “Yo soy el que por amor a mí mismo borra tus transgresiones y no se acuerda más de tus pecados” (Isaías 43:25, NVI).

Por eso tiene razón la autora al decir que, aunque nosotros sí recordamos nuestros errores, Dios decide perdonar y olvidar. No nos trata según nuestras malas acciones, sino que extiende su gracia mediante el perdón. De esa forma nuestra vida se convierte en un lienzo nuevo, en una pantalla limpia donde Él puede crear un nuevo diseño si nosotros se lo permitimos.

La pregunta es entonces: ¿le dejaremos crear el nuevo diseño? Solo el hecho del perdón es un motivo grande para alegrarse y agradecerle a Dios por su gracia y misericordia extraordinarias. ¡Imaginemos, pues, lo que representaría para nosotros si le dejamos hacernos una nueva creación! Y esta es la vida eterna, escribió el apóstol: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado (Juan 17:3).