Todo plan o acción que tiene como fin engañar a una persona es una trampa misma; toda herida del corazón puede causar ideas destructivas que asume como real y verdadero lo que ha surgido de pensamientos de autoengaño, por naturaleza el ser humano es competitivo y parece que gana, según el profesor Amos Schurr de la Universidad Ben Gurion de Neguev (Israel).

Una de las razones por las que Lance Armstrong ganó siete Tour de Francia es porque era un ganador y al no querer perder terminó dopándose; es decir el que gana piensa al instante que es mejor y merece seguir siéndolo, no importa el costo.

Lance Armstrong: “Lo veía como un campo en el que todos competían en igualdad”, lo dijo en una entrevista televisiva en 2003.

La mente es capaz de engañarse a sí misma hasta jugando solitario; la realidad no se puede cambiar, pero sí puedes trabajar en tus emociones y transformarlas en acciones que añadan valor. “Qué sabe el pez del agua en el que nada toda la vida”, Albert Einstein.

No podemos caer en la trampa de generalizar y decir todos los hombres o mujeres son iguales, tampoco distorsionar interpretando de forma extraña cuando solo has experimentado parte de un todo; los dolores que se pasan en la vida, el llanto, sufrimiento y ver las desilusiones no se quedan en el vacío.

En el área educativa el 70% de los alumnos admite haber cometido una trampa para lograr pasar un examen, el uso de esteroides en casos como José Canseco en el béisbol, el progreso en la alta tecnología digital de información contribuye al incremento de trampas.

“¿Cae un ave en la trampa en la tierra si no hay cebo en ella? ¿Se levanta la trampa del suelo si no ha atrapado algo? Amós 3:5. Hay besos que matan. Pero Jesús le dijo: Judas. ¿Con un beso entregas al Hijo del hombre?