Soluciones a problemas de salud, obtener un empleo que permita ayudar a familiares cercanos, optar a mejores condiciones de vida en un ambiente seguro y digno, esos son los sueños repetidos de miles de personas que abandonan el territorio hondureño y se aventuran por un camino tortuoso que puede conducir a terribles abusos e incluso la muerte.

Un tráiler se convirtió en la tumba rodante de más de 50 personas que buscaban cambiar su destino, entre ellos, cinco hondureños identificados hasta ahora, aunque la cifra lamentablemente podría ser mayor.

Lo sucedido en San Antonio, Texas, es una tragedia que pone nuevamente de manifiesto las grandes carencias que impulsan a nuestra gente y a la de otros países a tomar un camino tan incierto.

Se trata de un drama que viven a diario miles de personas, que se enfrentan día a día con la desesperanza que atrapa y empuja a decisiones duras que no deben ser juzgadas a la ligera.

La falta de respuesta a las necesidades más básicas de la población ha sido una constante desde hace muchos años y al parecer, seguirá estando presente.

Los problemas estructurales de Honduras se unen con las condiciones internacionales complejas, para crear un panorama mucho más espinoso que antes.

Está visto que las generaciones más jóvenes no están dispuestas a esperar a que la vida avance, mientras los discursos en algún momento de su propia historia, se convierten en realidades tangibles.

Por otra parte, ahora más que nunca, a través de las nuevas tecnologías de la información puestas al alcance de casi todos con la telefonía móvil, es factible comparar el propio nivel de vida con el de nuestros pares en otras partes del mundo.

No, juzgar a priori y desde un nivel de comodidad mayor no es justo. Hay que desarrollar un alto grado de empatía para entender que desde distintos ambientes y oportunidades, sentimos de la misma manera.

La situación de la emigración en Honduras también trae consigo la necesidad de fortalecer los servicios consulares del país en la ruta de los migrantes, así como en los lugares de destino, con la finalidad de proteger los derechos humanos de los connacionales.

Pero si las condiciones del propio país no son las adecuadas, hay pocas expectativas sobre lo que deben y pueden hacer las representaciones de Honduras en el exterior. No basta con la buena voluntad, sino que es necesario contar con el personal idóneo en el servicio exterior y los recursos indispensables para hacer el trabajo que corresponda, que en circunstancias como las actuales, debe ser enorme.

Es urgente un esfuerzo en ambas vías; es decir, hacia lo interno, dando pasos rápidos en la mejora de las condiciones de vida de la gente, y hacia afuera, a través de la labor que está llamada a realizar la Secretaría de Relaciones Exteriores. En ambos casos, se requiere de voluntad política, conocimiento y tiempo.

Sí, la situación ya era crítica desde años atrás; pero hablar de las condiciones heredadas -que ya conocemos- en nada resuelve el escenario actual, que corre el riesgo de deteriorarse aún más.

En Honduras quedan muchos sueños por cumplir, no dejemos que se rompan, hagamos que se desarrollen aquí. Es necesario fortalecer la confianza en el país y estimular la esperanza con hechos concretos, las palabras resultan insuficientes. Ya es tiempo de respuestas.