Los planes exitosos son aquellos que son medibles, posibles, y a los cuales se les da seguimiento de manera evaluativa para medir su realización. Los indicadores de resultados son de vital importancia para hacer ajustes en el camino y darnos cuenta de aquellos aspectos en los cuales requerimos hacer modificaciones.

Esto tiene aplicación en todo sentido: a nivel personal en cuanto a las metas individuales, como por ejemplo: perder peso, dejar un mal hábito, leer más, adquirir mayor disciplina, resolver conflictos en relaciones interpersonales, entre otros.

A nivel familiar verificar el presupuesto de ahorros, identificar “gastos hormiga” que están minando los ingresos en asuntos superfluos; mejorar el ambiente de las relaciones entre padres e hijos y en el mismo matrimonio; en fin analizar los elementos de mejora en el clima del hogar.

A nivel laboral y profesional evaluar nuestro compromiso en el trabajo, laborar de manera diligente y no de forma displicente. Tener una idea de emprendimiento que nos permita adquirir ingresos extras, entre otros elementos de importancia para crecer. En el escenario académico y de formación retomar la carrera universitaria inconclusa, si ya se tiene pregrado hacer planes para estudiar una maestría, un técnico, un diplomado, es decir, actualizar de manera permanente nuestros conocimientos en las áreas de interés.

Es decir, no solo se trata de idealizar planes y proyectos alrededor de la mesa y la hoguera navideña y de año nuevo, se trata de la constancia y disciplina para trabajar de manera diligente en lo que se requiera para llegar a la meta.

Es así que, en este segundo semestre del año que iniciamos es importante tomar un tiempo para autogestionar, autoevaluar, y tomar las decisiones correctas para avanzar subiendo la montaña hasta la cima; ¿habrá más dificultades y obstáculos? Sin duda, pero tenemos el potencial para alcanzar lo que nos proponemos. Lo que seamos mañana se determina desde el ahora.