Libre, por problemas culturales, no está listo para gobernar. Sigue siendo una “revuelta de la calle”, atrapado en el concepto que hay que derribar al gobierno; ignorando después qué hacer dirigiéndolo. Una vez en la administración pública caen en la trampa de destruir antes que ser positivos y ofrecer, con la nobleza del triunfador, propuestas constructivas: reactivación de la economía, empleo privado, seguridad jurídica y recuperación de la lógica de la representación popular. Por ello, cayeron en el error de un Congreso Nacional que es inferior en su legislatura actual con la anterior. Y en el manejo del Ejecutivo han confirmado que no conocían la Honduras de los problemas, llegaron sin soluciones y lo más grave: no tienen cuadros competentes en calidad y número para hacer la diferencia con la administración inmediatamente anterior.

El caso de San Pedro Sula ejemplifica lo que venimos diciendo hace mucho. Tres de las gerencias confiadas a Libre no han mostrado la eficiencia exigida porque están confiadas a activistas, capaces para tirar piedras y gritar consignas, antes que tener la competencia para enfrentar problemas y producir respuestas que confirmen que son alternativa. Tegucigalpa es otro ejemplo.

Aldana ha paralizado la ciudad y fuera de su simpatía natural, no ha hecho nada para continuar la reconstrucción de bordillos y ampliación de calles, siquiera.

Estas dos fallas y la brusquedad del diputado Mauricio Rivera, que no se ha dado cuenta que, en política, más que justificaciones, lo que vale son los resultados, tiene una alta peligrosidad para el futuro de Libre.

Las pérdidas experimentadas por la gestión de Xiomara Castro y su incapacidad para forjar alianzas y avanzar paso a paso, desoyendo a Correa, anticipa el fracaso de Libre, la pérdida de la calle – en la que tiene mucha experiencia – y el paso a ser objeto, pronto, de la furia popular. El grado de descontento de la base de Libre que quiere empleo gubernamental, la creencia que el tiempo de las consignas es eterno y que no hay que dar resultados, es peligroso.

Después de cien días, Roberto Contreras, más realista que los activistas del nuevo régimen y sus asesores extranjeros, se ha dado cuenta que no deben seguir en campaña electoral; que tienen que fortalecer alianzas, frenar ansiedades y poner los pies sobre la tierra y producir resultados. Sin competencia no pueden lograrlo.

Los activistas, las lealtades partidarias no son suficientes para complacer a una ciudadanía que en gran parte se forjó la ilusión de que los nuevos gobernantes resolverían, no solo los problemas de Estados Unidos, sino que los nacionales: seguridad jurídica, apoyo empresarial y compromiso suyo para crear empleo.

Porque, al fin y al cabo, lo que la gente quería era que se fuera JOH, ya se logró; pero ahora, lo que urge es que las tortillas valgan menos, que haya trabajo y que los ingresos permitan que la mesa familiar tenga lo suficiente para hacer los “tres tiempos”.

Los políticos de Libre –no hay que contar con Nasralla, distanciado del gobierno y descalificado por sus tonterías, pronto a convertirse en opositor— tienen que aprender de Roberto Contreras que se ha dado cuenta que un día sin resultados, tiene un efecto negativo en el electorado que, en forma desmesurada, creyeron que Libre, inmediatamente, después de quitarnos de encima a JOH, darían señales que las cosas mejorarían.

Víctor Meza les previno en forma anticipada lo que les iba a ocurrir. Desafortunadamente, no le hicieron caso y siguieron en campaña, creyendo que es lo mismo la lucha de la calle, que la responsabilidad de gobernar.

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