La vida no consiste en hacer muchas cosas, sino en que las cosas sean vida inolvidable... A un sabio le plantearon tres cuestiones: cuál es la hora más importante para un ser humano, quién es la persona más importante y cuál es la obra más necesaria. El sabio pensó en silencio largo rato y luego respondió: “La hora más importante es siempre la presente. La persona más importante es siempre la que tienes delante de ti. Y la obra más necesaria siempre es estar enamorado”.

Esto para que nadie sea jamás víctima de otro, ni del tiempo, ni de las cosas... ni de sí mismo. Pase lo que pase, respetaremos el momento presente y su circunstancia.

Mi abuelo me enseñó: “Lo que puedas hacer mañana despacio, no lo hagas hoy deprisa”. Él quería recoger bien las cerezas, sin magullarlas por los atropellos. Por eso, creo que podemos decir: “Lo que puedas hacer mañana bien, no lo hagas hoy mal”.

Pase lo que pase, veneraremos a esa persona que está delante porque tal vez no tiene más que tu palabra y tu mirada. En todo caso, es un ser humano, alguien verdaderamente sagrado.

Pase lo que pase, viviremos enamorados... porque, ¿de qué le sirve a uno tener de todo si no tienen con quien disfrutarlo con amor? Los cuentos, ¿son cuentos? La mayoría de las veces dicen las mejores verdades.

Hay ocasiones en ese camino interminable en que surge otra vez la duda, la incertidumbre, la elección, la decisión... Me arrugo, camino, lloro, no se que hacer. Y Marisa Ortega agrega, “en medio de la crisis llega el momento en que tenemos que caer, saltar o lanzarnos. ¿Será nuestra destrucción? En medio de esa situación desesperada, donde nada es como nos parece, recuerdo que en una ocasión, soñé que volvía mi madre. Me reconfortó, me dio alegría, me llenó el alma. Era la luz en mi oscuro pasaje. De pronto tuve una sensación grata, muy grata, de tranquilidad, de seguridad. Ya podría con ello.

Pido a Dios, rodeada de oración, que no apague mi vitalidad. Y me reencuentro con mi poder, con mi poderosa soledad, que me arranca de los lazos a los que estaba asida, para buscar de nuevo, plenamente, mi ser.